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A pie de calle

Las profesionales, psicólogas y trabajadoras sociales, que trabajarán en la oficina de denuncias y atención a mujeres maltratadas. 

MIGUEL LORENZO

Redefinamos el éxito

Aline Masuda

A partir de un cierto nivel salarial, ganar más no aumenta la satisfacción laboral ni mejora el bienestar

En los últimos años el movimiento feminista ha ganado fuerza, sin duda. Por primera vez en la historia de España tenemos un gobierno con más mujeres que hombres, y en el contexto europeo, a una mujer al frente de la Comisión Europea. Por el contrario, en el ámbito de la dirección empresarial, la presencia femenina ha disminuido en los últimos 10 años. El estudio anual que realizan EADA e ICSA sobre retribuciones nos indicaba que en el 2008 la mujer ocupaba casi un 20% de los puestos directivos en España. Once años después, el 16%. ¿Por qué? Sabemos que la discriminación está presente en las empresas; sin embargo, hay otros factores que explican la persistente desigualdad de género en el entorno empresarial. 

Desde que se inició la crisis financiera, la mujer fue perdiendo representación. En tiempos de recesión prevalece el miedo y la inseguridad. La suma de los factores favorece la persistencia de modelos de liderazgo autoritarios y rígidos, que dificultan la conciliación dentro de las empresas. En ese contexto, las mujeres pierden más, ya que sacrifican su tiempo en favor de la familia y el hogar. De hecho, son ellas las que suelen reducir su jornada para cuidar de sus hijos, renunciando a parte de su salario. 

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Pero ahondando en la cuestión, existen más factores que explican la desigualdad y que hacen referencia a valores. Las mujeres suelen procurar un equilibrio entre trabajo y familia. El hombre piensa más en el prestigio y la remuneración. Tendremos, por tanto, que redefinir el concepto del éxito. ¿Habría que enseñar a las mujeres a ser tan ambiciosas y competitivas como los hombres? Al contrario, deberíamos reeducar a los hombres para poner las relaciones y la calidad de vida entre sus objetivos

La mayoría de las personas, obviamente las mujeres, formamos estereotipos sobre una profesión, atendemos a modelos culturales preestablecidos. Cuando pensamos en un directivo imaginamos a un hombre. El retrato del directivo con éxito en las empresas es el de la persona con más prestigio y dinero. Esa imagen es manifiestamente imperfecta. Un ejecutivo brillante debería responder a una persona con un sueldo justo, un trabajo de impacto y una vida plena y saludable

Facilitar el cambio cultural

Nosotras hemos de facilitar ese cambio cultural. ¿Es posible? Ahí es precisamente donde el movimiento feminista puede ayudar al hombre a entender el cambio sin necesidad de buscar un enfrentamiento. Estudios de base científica han podido mostrar que a partir de un cierto nivel salarial, ganar más no aumenta la satisfacción laboral ni mejora el bienestar. Los países donde predominan los valores de la colaboración, la igualdad y la calidad de vida en contraposición al dinero y el poder son también los más ricos. 

Islandia y Finlandia, con altos índices de educación y bienestar, enseñan que estos valores están por encima del poder y el materialismo. Y además los traducen en políticas ejemplares. Islandia es el primer país del mundo que obliga por ley a la igualdad salarial entre hombres y mujeres, en las mismas condiciones de trabajo. Aprendamos de ellos y seamos valientes, favoreciendo el cambio necesario en nuestra sociedad.