21 feb 2020

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Tribuna

Recarga de un coche eléctrico en el Salón de Fráncfort.

Martin Meissner

La transición hacia el coche eléctrico y un nuevo modelo de movilidad

Daniel Arenas

Hay que incentivar alternativas menos contamintantes que el vehículo particular para el transporte

Queda poco más de una década para evitar cambios climáticos catastróficos. Según un reciente informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, contener el aumento de la temperatura a 1,5 grados, sobre los niveles preindustriales, implicaría reducir un 45% las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI) en el 2030 con respecto al 2010, para poder alcanzar las cero emisiones netas en el 2050.

España es el país europeo más vulnerable al cambio climático. Como revela un estudio de Greenpeace del año pasado, tres cuartos del territorio español está en riesgo de convertirse en un desierto a lo largo de este siglo. Al mismo tiempo, mientras en la UE las emisiones GEI han bajado en un 22% desde 1990, en España han crecido en un 18%. Por tanto, en nuestro caso, cumplir con objetivos internacionales de mitigación del cambio climático supone cambios especialmente rápidos y radicales.  

¿Cómo afronta la economía española el reto de la descarbonización? El estudio Hacia una automoción baja en carbono. Desafíos y oportunidades para la inversión sostenible, publicado recientemente por el Instituto de Innovación Social de ESADE y la Fundación Caixa d’Enginyers, aborda esta pregunta focalizándose en la industria automotriz. 

Se trata de un sector clave para la economía española y una industria líder en términos de producción, exportaciones y generación de empleo. A la vez, el transporte es el sector que genera más emisiones GEI en España (26%) y dentro del sector el uso del coche particular es el factor que más contribuye a estas emisiones.

Entre las disrupciones que está enfrentando el sector, la difusión del vehículo eléctrico (VE) a batería es la tendencia más importante, y la más relevante para la descarbonización. En los últimos años, se ha registrado un fuerte aumento en producción y ventas de VE en todo el mundo, y las proyecciones para el futuro del VE son optimistas.
En el mercado global, sin embargo, representan solo el 1,26 % de las ventas totales de coches.

En España, aunque ha incrementado notablemente la producción y venta de VE, su peso en el mercado es mínimo aún: menos del 1% del total del actual parque de turismos ¿Cómo facilitar esta transición? La regulación pública tiene un rol central para incentivar la adquisición de VE. En España este apoyo es todavía insuficiente y los vehículos más contaminantes actualmente lideran las ventas tanto aquí como globalmente. 

El desarrollo de la infraestructura de recarga también es fundamental para garantizar la penetración del VE. En España, se estima que para cumplir con objetivos de descarbonización para 2030, se tendría que multiplicar por casi 90 el número de puntos de recarga existentes en 2015 (pasando de 1.700 a 145.000). 

Además del sector público, el informe destaca el rol de las finanzas. Una tendencia creciente dentro de la inversión responsable es la desinversión en combustibles fósiles, es decir, excluir de las carteras inversiones en empresas con alta «intensidad de carbono».

También sigue creciendo el universo de los bonos verdes y bonos climáticos, que cada vez más se centran en la descarbonización del sector del transporte. Pero quedan desafíos por resolver en este aspecto, como la falta de estándares claros, problemas de metodología para medir impactos reales y una regulación más efectiva del mercado del carbono.

Cabe destacar que el VE también presenta algunos desafíos para la sostenibilidad. Aunque reduce las emisiones directas o locales de GEI, su huella de carbono no es nula, sino que depende de la fuente de energía con que se recargue la batería. Aunque en su ciclo de vida siga emitiendo menos, el tamaño del vehículo y la batería inciden mucho en sus emisiones. 

Otro desafío clave es el acceso a minerales para la fabricación de baterías y motores eléctricos, y los impactos sociales y ambientales de su extracción. Finalmente, se señalan preocupaciones relacionadas con el impacto ambiental de las baterías gastadas de vehículos eléctricos.

En definitiva, la transición hacia el vehículo eléctrico es probablemente necesaria, pero seguramente no suficiente para que la movilidad sea sostenible. Cambios tecnológicos y económicos en la industria, que obedecen a criterios climáticos, tienen que ser acompañados también por nuevos modelos de movilidad, que prioricen alternativas menos contaminantes al coche particular.