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Al contrataque

Rivera, entre Villegas y Arrimadas y junto a otros dirigentes de Ciudadanos, durante la reunión del Comité Ejecutivo que han celebrado este lunes.

EFE / Zipi

La historia se repite

Cristina Pardo

El principal problema de Albert Rivera, en estos momentos, es que carece de identidad

Nuestra historia reciente empieza a ser como el chorizo: se repite una y otra vez. A Ciudadanos le está pasando lo mismo que le ocurrió al PSOE ante aquel debate de investidura de Mariano Rajoy, en el que había que optar por la abstención o por una repetición electoral. Sobre Pedro Sánchez pesaba, además, una doble amenaza: las encuestas decían que su resultado sería todavía peor y Podemos estaba aún en un estado bastante saludable. A medida que avanzaban los días, crecía la presión sobre el PSOE y la tensión interna llegó a ser insoportable. Finalmente, el partido se peleó en directo durante horas, optó por la abstención y con el paso del tiempo, resucitó. Se notó que era una formación fuerte, con profundas raíces en nuestra sociedad.

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Ahora, Ciudadanos está iniciando su particular travesía del desierto con el inconveniente de que no se han molestado en construir el relato y, por lo tanto, las decisiones de Albert Rivera son incomprensibles. Nacieron con el objetivo de combatir a los independentistas, pero ahora eso ya es secundario. La prioridad es sustituir al Partido Popular como alternativa de gobierno. Rivera no quería política de colores ni de frentes y ahora ya estamos en el punto de los vetos. Y por último, Ciudadanos era el único capaz de pactar con unos y otros, pero ahora sus socios preferentes están a la derecha. Esta nueva personalidad del partido naranja ha provocado, como es lógico, cierto desconcierto interno. Han echado prácticamente a Manuel Valls y están perdiendo por el camino a rostros muy reconocibles.

Es innegable que el proyecto ya no es el que era. Los electores dirán si es mejor o peor, pero desde luego, es distinto. En estos momentos, el principal problema de Rivera es que carece de identidad. No quiere negociar una investidura con Sánchez, alegando que en campaña prometió que no lo haría y para eso le votaron. Bueno, también dijo en anteriores elecciones que no pactaría ni con Sánchez ni con Rajoy y terminó pactando con ambos, incluso aunque ni siquiera la suma fuera suficiente. Ahora ya no se quiere ni reunir con el líder del PSOE, como si fuera prácticamente de Bildu. Eso no se lo cree nadie, de verdad. Es una posición forzada hasta el extremo. Y tampoco se pueden negar sus pactos con Vox, con la excusa de que los han hecho a través de un testaferro. Como mínimo, hay que ser coherente y claro. Sin más.