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Dos miradas

El lazo amarillo, colgado de nuevo en el Ayuntamiento de Barcelona, el 17 de junio.

RICARD CUGAT

El lazo de Colau

Emma Riverola

Colocar un lazo amarillo en una institución no es un acto neutro. Es un símbolo que indica qué modo de pensar es el correcto

El lazo amarillo es un posicionamiento político. Señala que los líderes encarcelados del ‘procés’ son presos políticos. El término lleva a considerar que esa persona está en prisión por sus ideas, lo que alimenta el imaginario de que España es una dictadura. Somos muchos los que estamos en desacuerdo con esa prisión preventiva de casi dos años y los cargos de rebelión, pero, aun así, reconocemos que se juzgan unos hechos concretos, no unas ideas. Colocar un lazo amarillo en una institución no es un acto neutro. Es un símbolo que indica qué modo de pensar es el correcto. Apoya una percepción de la situación política y descalifica la otra.

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El gesto de Ada Colau de volver a colgar el lazo amarillo en el ayuntamiento se ha interpretado como una concesión al independentismo. No estoy segura. El 'agit-prop' del 'procés' ha declarado a Colau persona 'non grata'. Aún peor, una suerte de ser despreciable, indigna de la causa y de defender a los presos. Ese lazo es un gesto de afirmación de Colau, y una profanación para los guardianes de las esencias. Comprensible. Pero cabe recordar que no hay refugio en los símbolos, solo trampas.