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Análisis

José Luis Martínez-Almeida y Begoña Villacís.

EFE / DAVID CASTRO

De Colón a Cibeles

Rosa Paz

Madrid se ha convertido en un salvavidas para Casado pero puede ser un infierno para Rivera

Lo de la plaza de Colón no era solo una foto, era una realidad. Existía el precedente de Andalucía y había pocas dudas de que podía replicarse en otros territorios, pero ahora, con los acuerdos poselectorales en municipios y autonomías, el pacto de las tres derechas se constata inapelable: allí donde suman, gobiernan. Más allá de las escaramuzas negociadoras y del aparente recelo -o vergüenza- que dice sentir Ciudadanos en su relación con Vox, el tripartito se alzará con todas las alcaldías que pueda y, entre ellas, salvo sorpresas, con la de Madrid. Así la foto de Colón se repetirá en Cibeles, la sede de la alcaldía madrileña, con los mismos partidos y otros protagonistas.

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Madrid es un símbolo político no solo porque es la capital del Estado, la ciudad española más poblada y con el mayor presupuesto para administrar, para la derecha, además, representa un hito, porque supone arrebatarle el Ayuntamiento a la izquierdista Manuela Carmena, una de las alcaldesas 'del cambio' de 2015. De ahí, que Cs le disputara el protagonismo al PP hasta el último momento y que Vox se pusiera tan exigente. Todos con la misma amenaza, o se aceptan mis condiciones o gobierna Carmena.

Para el presidente popular, Pablo Casado, Madrid fue su salvavidas desde la misma noche electoral, cuando en la sede de Génova el funeral se transformó en fiesta ante la posibilidad de gobernar las instituciones madrileñas. Con el pacto PP, Cs y Vox, y contra todos los pronósticos demoscópicos, pensaron que podían desalojar del ayuntamiento a Carmena e impedir que gobernara la comunidad el socialista Ángel Gabilondo. La cabeza de Casado se salvó de la picota, y el mapa de España, que aquella noche se tiñó de rojo, porque el PSOE fue la fuerza más votada en casi todas las comunidades, va recuperando el tono azul con el pacto de las tres derechas.

¿Y Rivera?

La plaza que representa la salvación de Casado puede convertirse, sin embargo, en un infierno para Albert Rivera, muy criticado y con fuertes presiones para que facilite la investidura de Pedro Sánchez y cuya política de alianzas podría, incluso, apartarle del grupo liberal europeo. Su principal aliado, el presidente francés, Emmanuel Macron, ha expresado su malestar por los pactos, directos o indirectos, con la extrema derecha. Macron tampoco se cree su impostado distanciamiento de Vox. Y esa sí que es una línea roja para los liberales europeos, una de cuyas señas de identidad es su oposición frontal al nacional-populismo. Los socios europeos de Rivera podían mirar para otro lado con Andalucía, pero Madrid es demasiado visible como para ignorarla.

Hay más lecciones que extraer del caso madrileño. Mientras la derecha dividida gana, la izquierda dividida pierde, por eso el PP lleva gobernando 24 años en la comunidad y gobernó, hasta el paréntesis de Carmena, durante 26 años el Ayuntamiento. También se ha visto que nunca se puede dar algo por ganado. Ahí se equivocó Pablo Iglesias cuando cerró la campaña pidiendo el voto para Madrid en Pie, la otra lista derivada de Podemos, porque Carmena “ganará pase lo que pase”. No parece.