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ANÁLISIS

Rafa Nadal celebra el triunfo en la final de Roland Garros.

REUTERS / VINCENT KESSLER

Nunca veremos nada igual a Nadal

Javier Duarte

Es un animal. Un extraterrestre. Un fuera de serie. No existe una palabra realmente que defina a Rafa Nadal.

Con 12 títulos de Roland Garros resulta difícil acordarse de todos, pero diría que en esta edición es en la que ha mostrado una mayor superiodidad respecto al resto de jugadores. Su torneo ha sido espectacular. 

Thiem es un jugador que le podía haber hecho daño. Es un tenista muy específico de tierra, muy especialista. Claramente, un futuro ganador de Roland Rarros. Aunque quizá tendrá que esperar a que se retire Nadal. Porque la pregunta es cuántos torneos en París puede ganar aún el mallorquín. Igual llega a los 13, o los 14. Váyase a saber.

He de confesar que hace años que no veía un primer set de semejante nivel. En concreto, los primeros siete juegos fueron de una intensidad brutal, de un ritmo vertiginoso. Pero si Thiem, dando lo mejor de sí, no pudo imponerse en ese set inicial, de alguna forma ya fue una señal de lo que podía ocurrir en el partido. 

Es verdad que el segundo set resultó distinto. No hubo ningún break. O bien restaron peor, o sacaron mejor. Pasamos de un primer set estratosférico, de puntos muy combatidos, con mucha fuerza, a otro de puntos cortos. Bajó el nivel. Y eso le fue bien a Thiem

Pero a partir del tercer set, Nadal barrió mental y físicamente al austriaco. Rafa sabía que debía jugar como en el primero, con esa intensidad, y Thiem no pudo aguantar el ritmo. Le desbordó con muchas bolas ganadoras, trabajando cada uno de los puntos, alargándolos cada vez más. El austriaco se vio superado. 

Desde hace un par de años, lo que más le preocupa a Nadal es el físico. Tal y como se cuida, puede ganar a cualquier jugador en cualquier momento. Es evidente que una de sus máximas ilusiones a principios de año es llegar bien a Roland Garros. Mientras tenga este acierto en el trabajo, no me atrevo a decir que no lo volverá a ganar. Incluso perdiendo un poco de nivel. No está un paso, está dos pasos por encima de los demás.

Y una idea: sería bonito que la pista Philippe Chatrier se rebautizara como Rafa Nadal. Jamás los franceses volverán a ver a nadie como él. Ni nosotros.