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VISITA DEL PRESIDENTE DE EEUU A EUROPA

Trump pasa revista a la guardia de honor en el Palacio de Buckingham, en Londres. 

REUTERS / SIMON DAWSON

Trump, ese hombre

Ruth Ferrero-Turrión

El líder estadounidense es consciente de que la desestabilización y desunión de Bruselas beneficia a sus ambiciones geoestratégicas

Detrás de la imagen de la familia Trump vestidos como si de príncipes y princesas Disney se trataran, en la cena que se celebró en el Palacio de Buckingham junto con la reina de Isabel II y cia, hay mucho más que vestidos más o menos acertados o anécdotas sobre la ruptura del protocolo.

Si bien esta visita oficial al Reino Unido había perdido peso político ante la inminente salida del Theresa May de Downing Street, lo cierto es que se han tratado cuestiones de fondo que van más allá de las ya clásicas bufonadas a las que nos tiene, lamentablemente, acostumbrados el presidente norteamericano. Uno de los objetivos de este viaje ha sido, sin duda, dar continuidad a la negociación del acuerdo comercial bilateral entre el Reino Unido y Estados Unidos que comenzó en el 2017.

Esta negociación se ha estado llevando en paralelo a la de la salida del Reino Unido de la UE y tiene prevista su finalización una vez se concrete el 'brexit'. Gracias a este acuerdo comercial se incrementarían las relaciones comerciales entre ambos países, ya de por sí muy activas en la actualidad. De ahí la alineación de Trump con el ala dura de los conservadores británicos. Parece que sea quien sea el sucesor de May este acuerdo no corre peligro.

Generar incertidumbre

De camino a Normandía, Trump ha desembarcado en Europa con el objetivo de generar incertidumbre. La propuesta de incluir a Farage en el grupo negociador del 'brexit', tachar al alcalde de Londres de perdedor o animar a Johnson en su apuesta por el 'brexit' duro sólo tienen el objetivo del desconcierto. Al igual que en otros países de medio mundo, Trump intenta sembrar una cizaña que le permita cumplir uno de sus lemas de campaña, 'Make America Great Again'. Tiene claros cuales son los intereses geopolíticos que quiere defender y dónde defenderlos. Ruptura con Rusia en materia militar, acuerdo INFM; ruptura con China en materia comercial, cuestión Huawei; desestabilización política en países petroleros, Venezuela y Guaidó.  Un clásico eje del mal al que eventualmente también se suman Irán, Siria o Yemen.

Ahora es la UE la que está en su punto de mira. Trump es consciente de que la desestabilización y desunión de Bruselas beneficia a sus ambiciones geoestratégicas. También sabe que reforzar las relaciones con el Reino Unido le permite controlar el eje euro-atlántico. Tener a una Europa entretenida en sus pequeños problemas locales, la obliga a estar lejos de las grandes partidas globales que se juegan al otro lado del mundo, en Asia-Pacífico. Ahí es dónde tiene puesto sus principales intereses Washington, ese es el eje que quiere controlar y que ve en peligro frente a las alianzas estratégicas entre Rusia y China.

Imaginen que en lugar de Trump fuera Putin quien estuviera de visita en el Reino Unido. Los ríos de tinta sobre la desinformación y las 'fake news', así como la amenaza a la seguridad europea habrían ganado la batalla a la prensa rosa y sus cotilleos. Eso pueden darlo por seguro.