Ir a contenido

EL FUTURO DE LA ULTRADERECHA

El presidente de Vox, Santiago Abascal, en la sede del partido la noche electoral del 26-M.

EFE / EMILIO NARANJO

Vox tras el 26-M: Nubes en el horizonte

Xavier Casals

Bajo su aparente solidez, el partido de Abascal presenta debilidades que pueden comprometer su porvenir

Los resultados de Vox son espectaculares. El 28-A captó el 10,1% del voto (24 escaños) y el 26-M logró representación europea (6,2%, tres escaños), autonómica (nueve parlamentos) y local (2,9% y 530 ediles, aunque solo concurrió en 772 municipios del total de 8.116). Esta situación es inédita en España, ya que el partido de este sector político que le precedió, Fuerza Nueva, solo tuvo un escaño entre 1979 y 1982. Sin embargo, bajo su aparente solidez, Vox presenta debilidades que pueden comprometer su porvenir. Veámoslas.

Una pérdida del 48% del voto del 28-A

Las elecciones europeas han constatado que en un mes Vox ha perdido casi la mitad de sus votos (48,1%), al pasar de 2.677.173 el 28-A (10,1%) a 1.388.681 el 26-M (6,2%). Además, este electorado ha rechazado apoyar a Vox cuando le era más cómodo hacerlo, pues en los comicios europeos -a diferencia de los legislativos- no debilitaba a opciones de derecha en beneficio de la izquierda, ni se "perdían" excesivas papeletas al traducirlas en escaños (mientras el 28-A Vox no pudo convertir 700.000 sufragios en diputados). En definitiva, la mitad del soporte de Vox el 28-A fue coyuntural, lo que refleja una gran volatilidad de su electorado, capaz de afectar su consolidación y continuidad.

Los 'agujeros negros' territoriales aumentan

Los resultados del 28-A plasmaron que Vox estaba ausente del País VascoNavarraGalicia, las Islas Canarias y en Catalunya solo tuvo un escaño. Ahora, las elecciones autonómicas reflejan que tampoco está presente en ExtremaduraCastilla-La ManchaLa Rioja y únicamente posee un diputado en Castilla y León. A la vez, ha ingresado en 27 de las 50 capitales provinciales, poco más de la mitad. Y es que en la esfera local Vox, centrado en su 'guerra cultural' contra el progresismo, no se ha proyectado como opción de gobierno de proximidad y ha carecido de candidatos conocidos (lo que puede cambiar con el tiempo: el líder del partido en Andalucía pasó del 0,4% del voto en el 2015 al 10,9% en el 2019). Así, Vox afronta otro gran reto: la existencia de grandes zonas impermeables a su mensaje.

Un escenario poselectoral complejo

En este marco, su futuro dependerá en gran medida de los réditos de sus pactos poselectorales, ya que puede decidir mayorías en MadridMurcia y Aragón, así como en 15 capitales provinciales (Madrid entre ellas), Ceuta y Melilla. Ello ha hecho que Vox haya sido visto como un socio respetable por PP y Cs, pero también puede reportarle costes si al negociar adquiere un carácter gubernamental (perdiendo votantes "antisistema") o entorpece los acuerdos (abandonándole quienes apuestan por formar mayorías). Por último, Vox no posee un consistorio relevante que pueda ser su escaparate político, lo que le forzará a hacerse notar en el 'gran Madrid' (Cortes, ayuntamiento y comunidad) para que su perfil no se diluya.

En suma, Vox refleja fragilidad en sus apoyos, incapacidad para penetrar en grandes áreas y carece de un escaparate que singularice sus propuestas. Todo ello puede hipotecar su futuro cercano.