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Matteo Salvini votando en Milán.

EFE/ MATTEO BAZZI

El proyecto europeo goza de buena salud

Marta López

Las fuerzas euroescépticas progresan pero se quedan lejos de la mayoría de bloqueo para paralizar las instituciones

En plena crisis económica, las elecciones europeas del  2014  fueron un gran plebiscito sobre las políticas de austeridad,  que se saldó con un voto de castigo a las fuerzas tradicionales y dio un gran impulso al euroescepticismo.  Superada la crisis, quedó el poso del descontento social y las heridas aún sangrantes que dejó la austeridad. Por ello, estos  comicios han sido un examen al estado de Europa. Y pese a la neta progresión de las fuerzas euroescépticas, el proyecto europeo goza de una salud razonablemente buena. Por diversas razones.

La primera, la participación. Contra todo pronóstico y rompiendo la ininterrumpida tendencia a la baja desde que los europeos empezaron a votar en 1979, la participación -rondando el 51%-fue la más alta en 20 años y 9 puntos superior a la registrada en el 2014, cuando hubo récord de abstencionismo. 

La segunda es que las fuerzas populistas y euroescépticas no van a poder poner en riesgo el funcionamiento de las instituciones europeas, el objetivo que anhelaban. Siendo innegable el ascenso de estos partidos -y en países tan significativos como Italia de la mano de Matteo Salvini o Fancia de la mano de Marine Le Pen-, se van a quedar lejos de la mayoría de bloqueo, situada por encima de los 200 escaños. 

No ha pasado en el Parlamento Europeo nada que no haya ocurrido antes en los distintos estados de la Unión, donde la ultraderecha participa ya en varios ejecutivos. Pero  si en los gobiernos nacionales estas fuerzas son una clara amenaza al progreso social, en las instituciones europeas apuntan directamente al proyecto comunitario. Ya no pretenden destruirlo, pero sí frenarlo, con la devolución de competencias a los estados, lo más parecido a una muerte lenta. 

Se libra desde hace tiempo una batalla entre las dos Europas, la que quiere seguir avanzando hacia una mayor integración y la que solo desea debilitarla. Cuenta para ello esta segunda con la inestimable ayuda de Donald Trump y Vladimir Putin. Pero las elecciones son un espaldarazo a la primera.

Pérdida de la hegemonía

El ascenso del euroescepticismo ha corrido en paralelo al de otras fuerzas europeístas - liberales y verdes- y a la caída de las dos grandes familias  que desde 1979 se han repartido el poder en las instituciones europeas . Por primera vez, los conservadores y socialdemócratas pierden la hegemonía en una Eurocámara más atomizada, y eso les forzará a la búsqueda de nuevos compromisos, una tarea compleja y díficil en la que van entrar en juego los liberales deALDE, empujados por la entrada en el grupo de La Republique en Marche de Emmanuel Macron

Los retos de la nueva legislatura son muchos. La renovación de las instituciones será el primero. La envenenada gestión del 'brexit' vendrá a continuación y seguirán la negociacion del marco presupuestario hasta el 2027, la reforma pendiente de la política de asilo y la creación de una defensa común. 

Son objetivos nada desdeñables para una Europa que aguanta el tipo pese a los poderosos enemigos internos y externos.