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Cambio climático

Temporal de viento y olas en la playa de la Barceloneta.

JORDI COTRINA

Playas sí, pero de piedras

Maria Rubert

Las arenas de hoy pueden sustituirse por bloques de piedra donde desarrollar un ocio diferente y más de acuerdo con los tiempos actuales

El cambio climático y la presencia de múltiples puertos deportivos que han interrumpido la dinámica litoral conllevan la reposición de arenas, que deteriora el ecosistema marino y que es insostenible: Port Ginesta en Castelldefels (1986), Port Vell (2000) y Port Olímpic (1992), Port del Fòrum en Sant Adrià (2004) y Marina en Badalona (2004) no solo han transformado con prótesis variadas la línea de costa, sino la capacidad de regeneración ecosistémica.

Cada puerto hizo en su momento el estudio para controlar esta afectaciónpero las playas desaparecerán sin un mantenimiento anual. Ante esta situación, la hipótesis de una actuación coordinada desde Mataró a Port Ginesta parece oportuna.

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Hay varias opciones. Una es seguir la aportación continuada de arenas, limitada por el coste económico y ambiental y que supone desmontar y aniquilar todos los organismos que se van adaptando a lo largo del año al nuevo medio. El otro es dejar que el mar siga sus ciclos y adaptarnos a los cambios. En este caso habrá que o bien desmontar instalaciones, viviendas y calles tranquilas o bien programar el refuerzo de más espigones y protecciones. Y aún una tercera, intermedia. Las arenas de hoy pueden sustituirse por bloques de piedra con mayores inercias donde desarrollar un ocio diferente y más de acuerdo con los tiempos actuales.

Transformar las playas de arena en escolleras parece una opción adaptada a las embestidas del mar ante el cambio climático. Imaginemos que, en poco tiempo, permitirán que la vida se aferre a arrecifes artificiales, fomentando la recuperación de especies. Las fotografías de Xavier Miserachs de las actividades que se desplegaban en la antigua escollera evocan un tipo de ocio alejado de la toalla, la crema solar, el masaje y la sombrilla actuales. En la escollera se pescaba, se hacían fiestas y comidas populares, iban los jóvenes a desahogarse, era un espacio de silencio..., un espacio magnífico. Transformar las playas de arena en playas de piedras puede ser una solución complicada, pero seguramente más adecuada a los tiempos y apropiada para desarrollar actividades no destructivas en el litoral. ¡Incluso los turistas lo agradecerán!