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CHEQUEO

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en un encuentro con reporteros en la Casa Blanca, en Washington, el 14 de mayo.

Carlos Barria (REUTERS)

Guerra comercial: tres golpes y un respiro

Rosa María Sánchez

Tras el aumento de la tensión con China e Irán, el retraso de la subida de aranceles a los coches constituye un alivio para la industria europea

La guerra comercial de EEUU contra el mundo ha vivido tres nuevos golpes en los últimos días. De no haber sido por el alivio para la industria del automóvil que ha supuesto el anuncio de EEUU de retrasar al menos 6 meses la subida de aranceles a la importación de coches, el parte de guerra de los diez últimos días hubiera sido demoledor.

La nueva ronda de subida de aranceles al 25% para productos procedentes de China y la consiguiente represalia del país asiático; la presión contra Irán y sus exportaciones de petróleo y el veto en EEUU a negociar con la tecnológica china Huawei constituyen los tres últimos golpes propinados al comercio mundial, convertido por el presidente Trump en un cuadrilátero de boxeo y en la mayor amenaza para el crecimiento de la economía internacional en estos momentos. 

El respiro llegó el viernes, cuando ‘in extremis’ la Casa Blanca anunció oficialmente la decisión de retrasar al menos 180 días la posible aplicación de un arancel del 25% a la importación de coches.

Hasta el momento, el impacto de la guerra arancelaria de EEUU apenas ha tenido un impacto marginal sobre el comercio de la Unión Europea, según constata el Banco de España en un reciente estudio. 

Las medidas sobre el acero y el aluminio apenas alcanzan al 0,3% de las exportaciones extracomunitarias de la UE. Sin embargo la eventual imposición de aranceles sobre el automóvil sí tendría efectos muy perniciosos para esta industria, travestida en una suerte de perro flaco al que todo se le vuelven pulgas. Las exigencias medioambientales, la geostrategia del coche eléctrico y la preferencia creciente entre los jóvenes del vehículo compartido como alternativa a la compra ya son suficientes ‘pulgas’ para una industria a la que solo le faltaba que Trump elevara del 10% al 25% el arancel a las importaciones europeas.

Los seis meses de tregua conceden así un respiro importante que debe ser aprovechado para fortalecer a ese ‘perro flaco’, en previsión de que finalmente pueda llegar el golpe arancelario.

En Europa el sector del automóvil representa el 11% de los empleos y en España el 9% de la población activa depende del automóvil. Según el instituto alemán IFO, una tarifa del 25% a los coches reduciría al 50% la exportación de vehículos alemanes a EEUU a largo plazo y rebajaría en un 4,7% el valor añadido del sector en Alemania.

España -segundo productor europeo de vehículos- sufriría unas consecuencias menores derivadas, sobre todo, de su participación en la cadena de valor de las marcas alemanas. Según el instituto IFO este sector perdería el 1,7% de su valor añadido en España de materializarse la temida subida arancelaria.

Las espadas están en alto. Trump tiene presente que EEUU aplica a los coches europeos unos aranceles mucho más bajos que los inversos (8% frente al 23%). Pero también sabe que una subida de aranceles encarecería en unos 5.800 dólares el precio de los coches importados —según cálculos de la Alianza de Fabricantes de Vehículos de EEUU, que rechaza las pretensiones del presidente norteamericano— lo cual podría acabar teniendo un impacto muy relevante en la renta de las familias. Y las elecciones están a la vuelta de la esquina. Veremos.