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Análisis

Jaume Collboni consuela a Miquel Iceta durante el acto de homenaje a Pérez Rubalcaba.

JOAN CORTADELLAS

Más allá de la inseguridad

Sonia Andolz

Aún no sabemos si se practirá el voto dual en europeas y municipales o habrá un efecto espejo

Nunca antes hemos tenido una primavera tan electoralmente intensa. Entre las citas del calendario está también la elección a las alcaldías de nuestros municipios. Gestionar una ciudad grande no es tarea fácil, como ha comprobado el equipo de Ada Colau esta última legislatura. Barcelona importa, y mucho. No solo a quienes vivimos en ella sino como motor de algunos sectores a nivel catalán, como símbolo para Catalunya y como segunda ciudad de facto en España. Los partidos lo saben y para algunos está en juego algo más que la alcaldía, está en juego su supervivencia como actores políticos en escena. Aun así, no nos podemos quejar. La campaña -al menos de cara a la ciudadanía- está siendo más limpia que la madrileña. Lo que no queda claro es que los votantes estemos asimilando o atendiendo a tanta información segmentada (primero elecciones al Congreso, al Senado, ahora municipales y también europeas) y precisa. ¿Votaremos en clave urbana? ¿Habrá voto dual, o el que hace efecto espejo y lleva a votar al mismo partido en municipales y europeas? Veremos.

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A día de hoy, los sondeos y encuestas apuntan que en Barcelona la vara se la disputarán Ernest Maragall y Ada Colau. Parece lógico en una ciudad que ha sido tradicionalmente de izquierdas o de centro-izquierda. La plataforma que aupó a la alcaldesa saliente ha quedado muy desgastada de estos cuatro años en minoría y con una oposición muy activa y dura. Una alcaldía no tiene competencias para decidir todo lo que ocurre en una ciudad. Una gran empresa o un sector económico pueden decidir de facto muchas cosas. Colau acaba su mandato con proyectos pendientes o a medio plazo. Cuatro años no son suficientes, está claro. Su campaña se asienta en el componente personalista y el pasado activista de la candidata -“Ada contra el patriarcado, Ada contra la homofobia, Ada contra los bancos”- mientras que la campaña de ERC tira de apellido y combo.

Al perfil de Ernest Maragall, persona menos idealizada pero con cierto carisma, le han querido sumar el de Elisenda Alamany. El dúo parece que funciona puesto que la presencia de la exdiputada por Catalunya en Comú refresca y acerca el mensaje al votante joven y se dirige hacia ámbitos públicos concretos como la cultura o la educación. Tanto Maragall como Colau tienen posibilidades de gobernar, pero se hace difícil ver a cualquiera de los dos como regidor sin alcaldía. Menos aún como jefe de la oposición. Lo mismo podemos aplicarlo a Valls. ¿Alguien cree que el ex primer ministro francés se quedará a hacer de concejal de la oposición después del 26-M? No parece probable.

En cualquier caso, la agenda para Barcelona sigue incluyendo vivienda, turismo, crecimiento sostenible, convivencia y ecología. De momento, no parece que se haya conseguido imponer la inseguridad en el debate, o no más que la inseguridad energética, económica, de empleo, de vivienda o la de colectivos estigmatizados. Y en esto, ya hemos ganado todos un poco.

*Profesora asociada de la Universitat de Barcelona.