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Ciencia y valores

Pérez Rubalcaba, un científico en el centro del poder

MONRA

Pérez Rubalcaba, un científico en el centro del poder

Pere Puigdomènech

La práctica científica está basada en principios como la fiabilidad, la honestidad, el respeto o la responsabilidad, cualidades que se podían descubrir en el político que acaba de dejarnos

Hace un año, en una de sus últimas visitas a Barcelona, recordábamos con Alfredo Pérez Rubalcaba que él era el científico que había tenido más poder en la política española desde Juan Negrín, último jefe del Gobierno de la República española. No ha habido mucho científicos (ni médicos o ingenieros) en los gobiernos de nuestro país y, vista la experiencia, sería una práctica recomendable.

En su diálogo 'La República', el filósofo griego Platón proponía que las ciudades debían estar gobernadas por una clase dirigente de filósofos. Su consejo no ha sido, evidentemente, seguido casi nunca, aunque quizá las minorías bolcheviques podían considerar que eran ellas mismas las portadoras de la verdad, lo que los facultaba para convertirse en los dirigentes del pueblo. En algunos lugares hay escuelas donde se forman las clases dirigentes, como Gran Bretaña, que ha sido gobernada por minorías formadas en sus universidades de Oxford y Cambridge. Otro buen ejemplo es el de Francia, donde existe la Escuela Nacional de Administración (ENA), en la que para entrar hay que demostrar buenas capacidades intelectuales, pero de la que han estado saliendo muchos de los que gobiernan la política y la empresa francesas. Es significativo que entre las medidas que el presidente Emmanuel Macron (él mismo alumno de la ENA) ha propuesto para resolver la crisis de los 'chalecos amarillos' figure el cierre de la ENA, acusada de formar minorías alejadas de los intereses de la gente.

Científicos en el Gobierno

Ciertamente, ha habido científicos en el Gobierno español, y hay que decir que han coincidido con los momentos en los que ha habido más reformas en el Estado. En el último gobierno de UCD figuraba Federico Mayor Zaragoza, quien comenzó a introducir las primeras reformas en Educación y Ciencia. En el primer gobierno socialista había dos físicos (Javier Solana y Miguel Boyer), y en la última etapa, además de Alfredo Pérez Rubalcaba, figuraron Bernat Soria y Cristina Garmendia. En el Gobierno catalán, la persona con más experiencia científica fue el 'conseller' Carles Solà en el primer tripartito, pero Josep Laporte, Andreu Mas-Colell o Joan Manuel del Pozo pueden ser ejemplo de académicos comprometidos con la ciencia y la política. Últimamente se ha incorporado el ingeniero Pedro Duque al Ministerio de Ciencia, Universidades e Innovación y Mariàngela Villalonga a la Conselleria de Cultura. Son pocos ejemplos pero significativos.

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Los gobiernos españoles han estado siempre llenos de abogados y economistas y últimamente de miembros de los considerados grandes cuerpos de funcionarios, como abogados o economistas del Estado, que parecen haber confundido sus intereses corporativos con los del Estado. Más recientemente aún, vemos que han entrado en la política personas que parecen considerar la carrera política como invertir en una franquicia más. Se echan de menos profesionales como médicos, ingenieros o científicos e incluso empresarios. No se trata de fijar cuotas profesionales, hay buenos ejemplos de gobernantes que proceden del sindicalismo o del gobierno local, sino de conocimiento, eficacia y buenas prácticas.

Fiabilidad, honestidad, respeto y responsabilidad

Un sistema democrático no debe llevar al Gobierno a personas por su calificación sino porque han convencido a un número de ciudadanos de que ellos son quienes quieren que los gobiernen. Pero los científicos podrían aportar al Gobierno no solo su experiencia en investigación. El último Código Europeo de Buenas Prácticas en la Investigación recuerda que la práctica científica está basada en principios como la fiabilidad, la honestidad, el respeto o la responsabilidad. Es muy probable que algunas de estas cualidades, y una fina inteligencia, son las que se podían descubrir en el político que acaba de dejarnos. Por otro lado, la práctica de la política debe necesitar cualidades bien específicas. Por ejemplo, el propio Rubalcaba debía compatibilizar sus convicciones científicas con su profunda lealtad al Partido Socialista.

La práctica de la investigación científica necesita de una radical independencia de pensamiento que no parece muy de acuerdo con la forma en que se gobiernan los partidos políticos en la actualidad. La profesión de la ciencia reclama también una dedicación muy intensa, no exenta de ambición y de competitividad, por encima de intereses económicos que no suelen ser prioritarios en sus profesionales. Quizá por eso algunos de los mejores momentos de la política de nuestro país coinciden con la presencia de científicos en el Gobierno. Ahora nos acaba de dejar un buen ejemplo.