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El vídeo de Ronaldo

Ronaldo solo le pasa el balón a su hijo hasta que su hija se aburre de esperar.

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Costumbrismo machista

Marta Roqueta

El vídeo que colgó Cristiano Ronaldo en las redes ejemplifica la división de roles de género, quién debe hacer qué

La escena es de lo más cotidiana. Cristiano Ronaldo cuelga un video en redes sociales donde se le ve pateando una pelota con su hijo Mateo. La escena sería enternecedora sino fuera porque, detrás del hijo del futbolista de la Juventus, su hermana Eva María patea una pelota invisible. Cuando ve que su padre pasa de ella, se pone a jugar con una escoba.

El vídeo resume en pocos segundos lo que es la educación basada en los roles de género. Ya en 2015, la OCDE apuntó que los progenitores tenían más expectativas de que sus hijos, más que sus hijas, se dedicaran a disciplinas como la ciencia o las matemáticas. Según la revista ‘Science’, a los seis años, las niñas ya consideran que son menos talentosas que los niños. Incluso las mismas cualidades se valoran de forma distinta. Un niño con carácter es un líder nato. Una niña, una mandona. No es solo hasta que las instruimos para que ocupen menos espacio, para que sean dulces y delicadas, que algunas niñas “corren como niñas”.

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El vídeo no solo ejemplifica la división de roles de género, quién debe hacer qué, sino también cómo aquellas actividades consideradas propias de niños, igual que aquellas consideradas propias de hombres, tienen mayor relevancia. El centro de la imagen lo ocupan padre e hijo jugando a la pelota, la hija se retira discreta a un lado. Justo lo que pasa en los patios de colegio, donde las pistas de futbol y baloncesto suelen ocupar el centro del terreno. El resto de actividades, y por lo tanto aquellos individuos que educamos para que sean más proclives a realizarlas, se sitúan en los márgenes.

De la casa, del patio de recreo, al espacio público adulto, digital y mediático. Cristiano Ronaldo debe su fama y su dinero al fútbol masculino. Aquel deporte que engulle la mayoría del tiempo y el espacio de la prensa deportiva, aquel que hace que una ciudad se pare porque se juega un partido o porque un equipo ha ganado un campeonato. O porque la calle, y sus habitantes, se pone al servicio de la movilidad de seguidores ultras, como si su presencia y violencia fueran inevitables.