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ANÁLISIS

El presidente de Argelia, Abdelaziz Buteflika.

SIDALI DJARBOUB (AP)

Argelia no es una excepción

Anwar Zibaoui

La clave no es solo lograr el cambio democrático en el país magrebí sino garantizar su continuidad

Tras 57 años desde la independencia y 40 de bonanza petrolera, llegan a Argelia las reivindicaciones de libertad, progreso y la justicia social. Hay un profundo deseo de cambio, euforia y dudas ante la propuesta del Ejército del cese del presidente por incapacidad, de abrir un periodo de transición y de organizar elecciones.

Dos periodos han marcado la historia reciente de Argelia. En el 2011, para evitar una primavera  argelina, el Gobierno pagó un alto precio en subsidios, aumentos salariales, puestos de trabajo públicos y la construcción de cientos de miles de viviendas sociales para jóvenes.  En el 2014, la caída del precio del petróleo redujo los ingresos a la mitad. Pero se compró tiempo para evitar lo inevitable.

El sistema ha logrado mantener la economía con las ganancias de los hidrocarburos, pero Argelia ha gastado en los últimos años 750.000 millones de dólares para calmar las iras sociales  y no ha logrado sacar al país adelante. Petróleo y gas representan el 98% de las exportaciones, el 45% del PIB y el 65% de los ingresos. Argelia es el tercer proveedor de gas de Europa, el primero de España  y el octavo mayor productor del mundo.

Estrategias sin parches

La evolución del mercado mundial de la energía y la tensión geopolítica obliga a Argelia a adaptar estrategias claras sin parches. La situación es preocupante, aunque Argelia dispone de recursos, sufre por el excesivo peso del Estado, las subvenciones que representan el 25% del PIB, y la excesiva dependencia de los hidrocarburos. Los jóvenes saben que se requiere un cambio estructural para aprovechar las oportunidades, la gran población, la ubicación geográfica y los reservas naturales  que pueden resucitar la economía e incrementar el empleo.

El régimen puede desactivar las protestas acordando un candidato alternativo al presidente Buteflika. Pero, con el modelo actual, los problemas se mantendrán, porque la dependencia del sector petrolero no revierte las ganancias en una economía diversificada

El mundo está cambiando. Las fronteras políticas y económicas están condicionadas por batallas geoestratégicas. Los futuros avances en el desarrollo dependen del buen gobierno y la mejora del conocimiento. Argelia tiene ambición, pero requiere una estrategia para construir economías productivas e instituciones sólidas. El progreso económico depende de mejorar el clima social y desarrollar el sector privado. La clave es conciliar eficiencia económica y cohesión social.

Ola de frustración

Las medias concesiones no son el camino. La ola de frustración no disminuirá sin modificaciones de fondo político y una respuesta eficaz a los problemas económicos.  La población ha descubierto su fuerza, sabe que tendrá que mantener la presión, si quiere alcanzar sus objetivos

El cambio es lento pero ha empezado. No debe terminar en unas elecciones. La clave no es solo lograr el cambio democrático sino garantizar su continuidad. Argelia necesita contar con todos los activos y actores para superar lo que probablemente será un período difícil.

Temas: Argelia Magreb