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IDEAS

El periodista José Martí Gómez.

Y la vida sigue igual

Jordi Puntí

No hay muchos editores que publiquen libros tan bien hechos como los de Días Contados. Sus títulos tanto en castellano como en catalán llegan con una discreción casi furtiva, y a menudo el buen gusto tipográfico concuerda muy bien con la selección de textos -un catálogo particular, donde la literatura se entiende como un diálogo y a menudo el texto principal se acompaña de prólogos o estudios que amplían la lectura-. Su último libro es un buen ejemplo de esta libertad editorial: 'No tengo la culpa de que la vida sea como es', del brasileño Nelson Rodrigues, con un prefacio de Manuel Jabois.

Rodrigues, Manegat y Martí Gómez ayudan a entender la paradoja del periodismo literario: usar estrategias de ficción para hacer más creíble la realidad

Rodrigues era uno de esos escritores totales, de los que ya no quedan: novelista, guionista, dramaturgo que renovó el teatro brasileño en los años 40, cronista de fútbol y, durante años, también de la actualidad. Siguiendo un encargo del diario 'Última hora', Rodrigues tomaba historias reales, sucesos, y los narraba con el ritmo de la ficción, añadiendo la sal y pimienta de los diálogos, dosificando la intriga, con una tendencia al drama porque, como escribe él mismo, “el deber es participar en las desgracias de los otros". Muchas de estas historias hablan de celos, envidias, desamores, y, leídas hoy en día, tienen un punto de folletín truculento; conservan viva la ingenuidad de una época y de una sociedad tradicionales, clasistas, pero que buscaban señales de modernidad en aquellos que se atrevían a discutir la moral dominante.

La propuesta de Rodrigues me ha hecho pensar en Julio Manegat, periodista barcelonés de la misma época, en 'El Noticiero Universal', y hoy olvidado. Manegat también fue un autor prolífico, finalista del premio Planeta en 1965, y en su libro 'Ellos siguen pasando' (1979) retrataba la España franquista con una operación similar a la de Nelson Rodrigues: partía de gacetillas de los periódicos para “llegar a la literatura a través de un hecho real, aunque tal hecho tenga una absoluta apariencia de irrealidad”. Ambos autores, como también ocurre con José Martí Gómez, nos ayudan a entender la paradoja del periodismo literario: la necesidad de las estrategias de la ficción para hacer más creíble la realidad.

Temas: Libros