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El dolor femenino

Una mujer, en la recta final de su embarazo.

La invisibilidad

Jenn Díaz

Alrededor del duelo perinatal hay un silencio, y ese silencio es el que hay alrededor de la mayoría de cosas que afectan a la mujer en exclusiva

Duelo perinatal. Quizá haya mucha gente que lo lea por primera vez, pero existe. Hace unos días podíamos ver un documental al respecto en la televisión pública catalana. En redes, como siempre, se hizo seguimiento en directo, y muchas mujeres empezaron a decir que ellas también habían tenido una pérdida gestacional. Últimamente, Paula Bonet ha conseguido arrancar el nuevo #Metoo. Alrededor de los abortos espontáneos y de la muerte gestacional hay un silencio, y ese silencio es el que hay alrededor de la mayoría de cosas que afectan a la mujer en exclusiva, o al cuerpo de la mujer en particular.

En redes, como decía, hubo muchas mujeres que se atrevieron a decir en público que también les ha pasado, que también tuvieron que vivir el momento en el que te dicen que no hay latido. Tan común, según las estadísticas y la respuesta inmediata del anonimato de las redes sociales, y sin embargo habrá quien hoy lea por primera vez duelo perinatal.

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No es tan extraño. También habrá quien hoy lea por primera vez esta palabra: endometriosis. Hasta tal punto hemos normalizado el dolor menstrual en la sociedad, que una ya no sabe cómo de normal es el que sufre cada mes (con suerte). El dolor de las mujeres es relativo, porque como el cuerpo del hombre es el que se ha estudiado en profundidad, asumiendo que el masculino genérico funciona también en todos los ámbitos, aquello que afecta a las mujeres, o sobre todo a las mujeres, es invisible. Invisible incluso para nosotras, que a menudo no tenemos suficiente información y desconocemos los ritmos y las complejidades de nuestro cuerpo.

La esterilidad femenina, las tiroides, la fibromialgia. Pero también la brecha salarial, la feminización de la pobreza, la presión estética. El velo sí o no, matrimonios forzados, ablación. El síndrome de la impostora. Tenemos nombre para casi todo, pero aun así seguimos normalizando la invisibilidad a la que se nos somete.