Análisis

Manual de resistencia fallido

La convocatoria electoral de Pedro Sánchez no responde a la imposibilidad de gobernar sino al tacticismo electoral en un momento de crisis en Podemos

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Pedro Sánchez anuncia que las elecciones generales serán el 28 de abril. / JOSÉ LUIS ROCA (VÍDEO: EFE)

'Manual de resistencia' es el título del libro que Pedro Sánchez ha publicado sobre su recorrido personal y político desde la llegada a la secretaría general del PSOE en el 2014. En el libro, Sánchez presume de resiliencia y fortaleza de convicciones. Unas virtudes que entran en contradicción con el adelanto electoral del 28 de abril. Si el 'Manual de resistencia' existe, Sánchez en esta ocasión ha decidido no aplicarlo.

Que los partidos independentistas avalaran la tramitación de los Presupuestos del PSOE la semana del inicio del juicio del 1-O, con presos políticos y penas de 30 años en el horizonte, era una misión prácticamente imposible. era una misión prácticamente imposible.ERC y el PDECat, en una competición permanente, no estaban en disposición de hacerlo. Y el PSOE tampoco estaba en disposición de negociar prácticamente nada con el independentismo -como ha dejado claro el episodio del relator- si no quería exponerse a una revuelta de sus sectores más españolistas.

Hecha esta constatación, las elecciones no eran la única opción posible. Si se hubiera aplicado el manual de resistencia, Sánchez habría podido seguir gobernando con los Presupuestos prorrogados esperando que pasara el torrente del juicio, aprobando por la vía del decreto muchas de sus medidas. ERC y el PDECat han avalado muchos de los decretos que el PSOE ha llevado al Congreso desde la moción de censura. Nada impedía seguir haciéndolo así.

La realidad, sin embargo, es que tras la decisión hay un cálculo táctico: el PSOE cree que la fractura interna de Podemos beneficiará sus expectativas inminentes en las urnas. Convocar antes de las municipales es una maniobra inteligente, porque las elecciones locales serán un momento de visualización de la labor realizada por los ayuntamientos del cambio y en especial por Ada Colau y Manuela Carmena, y podrían reforzar el espacio de los ‘comuns’ y Podemos.

Ir a elecciones ahora, tras el desacuerdo con los 'indepes', también refuerza el PSOE entre los sectores de su electorado que recelan de los pactos con los soberanistas. Esto, sumado al 'pinchazo' de la manifestación de las tres derechas en Madrid la semana pasada, ha precipitado la decisión.

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Pero el movimiento del PSOE es arriesgado, porque abre la puerta a una nueva hegemonía conservadora escorada hacia la extrema derecha. Para asegurarse la presidencia, Sánchez necesitará que PP, C's y Vox no sumen mayoría absoluta, lo que algunas encuestas ya señalan. Y superado este escollo, deberá ser capaz de articular una mayoría a su alrededor que le permita gobernar.

¿Cuál sería esa mayoría? Hay dos opciones, y solo una pasa por la izquierda: o se reedita el bloque de la moción de censura, o a Sánchez le salen los números para pactar con Ciudadanos. Al final, el problema de fondo es que el PSOE todavía no ha asumido que la única opción posible para un Gobierno progresista en España pasa, hoy por hoy, por un pacto con Podemos y los soberanistas. Una alianza que implica cambios estructurales al régimen surgido de los pactos de 1978 que los socialistas son por el momento incapaces de abordar.