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Los fiscales Javier Zaragoza y Fidel Cadena, junto al vicesecretario jurídico de Vox, Pedro Fernández, y el secretario general del partido, Javier Ortega Smith, durante la segunda jornada del juicio del ’procés’ en el Tribunal Supremo.

SEÑAL TRIBUNAL SUPREMO / EFE (EFE)

El juicio de la inestabilidad

Xavier Bru de Sala

La pretensión del Supremo de que la sentencia se dictara fuera de periodo electoral se ha quebrado

Por lo menos desde 1640, Catalunya ha tenido siempre capacidad para desestabilizar España pero no ha cobrado fuerza suficiente como para marcarle el rumbo. Nos movemos una vez más entre estos dos parámetros. Pero tal vez haya una salida.

Imaginemos por un momento que el juicio contra los dirigentes independentistas aún no ha comenzado. Pocos dudarán que, en este caso, el entendimiento entre ERC y el PDECat por un lado y Pedro Sánchez por el otro habría resultado mucho menos dificultoso. Probablemente los Presupuestos se tramitarían y la legislatura tomaría oxígeno en vez de extinguirse. Si el presidente del Gobierno se ve forzado a convocar elecciones se debe en primer lugar a la presión emocional y política del juicio. Del mismo modo que la judicialización del conflicto echó a Mariano Rajoy, la apertura del juicio es la primera causa de la inestabilidad que hace caer al Gobierno. Una vez devueltos los Presupuestos al Ejecutivo, la inminencia de las elecciones se da por hecha. Todo parece indicar que tendrán lugar en el mes de abril.

Sería tan ingenuo suponer que el tribunal actúa sin tener en cuenta su enorme influencia en la vida política española como pretender que las formaciones independentistas se pueden lavar las manos del final precipitado de la legislatura. El juicio ha dado alas a los radicales del independentismo para imponerse y a la vez alimenta las aspiraciones de los que reclamaban elecciones inmediatas. Paradójicamente, ni a unos ni a otros les acaba de interesar que el juicio también interfiera, y condicione, las campañas electorales.

Sánchez ha preferido encontrarse solo ante el peligro que optar por la coincidencia de las generales con las municipales, las europeas y las autonómicas en el famoso 'superdomingo' electoral del 26 de mayo. Sea como sea, la pretensión del Tribunal Supremo de que la sentencia se dictara fuera de periodo electoral se ha quebrado por la misma inestabilidad que genera.

La hipótesis

Asimismo, es previsible que el resultado de las elecciones generales influya a su vez en la sentencia. También, si como es lógico suponer el juicio se alarga hasta más allá de las convocatorias del 26 de mayo. ¿En qué sentido? Avanzamos una hipótesis. Gane quien gane las generales y todo el ciclo electoral, el peso del juicio en las urnas ya se podrá dar por nulo. Si el tripartito a la andaluza obtiene la mayoría absoluta, la dureza de la sentencia, tal vez menor de la que se espera, no les desviará de su camino represivo y centralizador. Si entre PPCs y Vox no obtienen la mayoría absoluta, es probable que un Sánchez legitimado por las urnas consiga la investidura con los votos de quienes ahora le han devuelto los Presupuestos. Sería a cambio de un calendario de negociaciones que incluyera medidas de gracia, tal vez incluso una amnistía. Si este fuera el caso, podríamos vivir un giro histórico: Catalunya se convertiría en factor de estabilización y la sentencia en papel mojado.

La fecha de las elecciones se puede interpretar pues como un golpe -no de Estado sino político- de Sánchez al Supremo.