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Elecciones municipales

Pedro Sánchez y Pepu Hernández, en la presentación de la precandidatura del exseleccionador de baloncesto.

EFE / EMILIO NARANJO

Madrid importa

Joan Tapia

Las elecciones europeas, autonómicas (no en Catalunya) y municipales siempre han sido vistas como claves, en especial para el gobierno minoritario de Pedro Sánchez. Pero tras la pérdida del poder en Andalucía, la eclosión de Vox, la 'crisis Errejón' en Podemos y la posibilidad de que los independentistas tumben sus presupuestos dentro de pocos días (ERC lo asegura), Pedro Sánchez necesita un buen resultado en mayo para evitar tener que convocar en setiembre tras un calvario.

Madrid siempre ha sido relevante. Tierno Galván en la alcaldía representó -curiosamente- la hegemonía felipista. Lo mismo que Esperanza Aguirre, en la comunidad, la del PP sin complejos. Y el abandono de la alcaldía de Ana Botella y el triunfo de Manuela Carmena en el 2015, el triunfo de una izquierda no convencional y por encima de los partidos. El último alcalde socialista en la capital de España fue Juan Barranco en el 89 y ahora el PSOE madrileño aparecía casposo y desahuciado. Alguna encuesta le situaba en la quinta posición por la alcaldía, detrás de Vox. Y Vox no es una anécdota para nadie porque tiene la cuarta parte de sus militantes en Madrid y en la reciente encuesta del CIS es ahí donde más ciudadanos abogan por un estado central único o con autonomías con menor poder (48% contra el 28% de media). Sánchez tenía que reaccionar. Ángel Gabilondo es un buen candidato para la comunidad pero un desastre socialista en la capital de España le borraba del mapa en la comunidad y le humillaba en toda España. El PP quiere conservar la comunidad y hacer de Isabel Díaz-Ayuso, su derechista candidata para tapar a Vox, la Aguirre de Pablo Casado. Aunque para ello deba entregar la alcaldía de la capital a Begoña Villacís, la candidata de C's, que se presenta como el Madrid guapo y centrista. Y a la izquierda del PSOE, el tándem Carmena-Errejón, una izquierda-izquierda al margen de los aparatos partidarios es una fuerte competencia. Suponiendo, claro, que la pelea con Podemos no se salga de madre.

Por eso Sánchez ha marginado sus queridas primarias, las que le hicieron vencer al aparato del PSOE (el anterior, claro), y se ha sacado de la manga a Pepu Hernández. Nadie mejor que él, el exitoso y conocido seleccionar del baloncesto español, que se presenta como un hombre sin partido (como Carmena) pero que dice llevar la política en la sangre y es “socialista de corazón”. Y todo el aparato socialista (el nuevo, encabezado por el ministro José Luis Ábalos e Iván Redondo, el jefe de gabinete de Moncloa) se concentró el domingo en el emblemático teatro de La Latina para aplaudir. No falló ni Juan Barranco, el último alcalde socialista que recogió la antorcha de Tierno Galván. Bien jugado, porque el tándem Pepu-Gabilondo puede aspirar a pactar con Carmena-Errejón. O incluso tantear a C's si Díaz-Ayuso queda atrapada en las redes de sus amigos de Vox. Pero falta lo importante, el voto ciudadano, en un Madrid indeciso entre la derecha que adora el dinero y la izquierda de los gestos.