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DECISIÓN CONTROVERTIDA

Nick Ayers en la Salón Oval con Trump.

EFE

Un respeto, por favor

Rosa Massagué

Trump ha decidido retirar las tropas de Siria de forma personal, despreciando a socios y a su propia administración sin valorar las consecuencias

Si echamos la vista atrás hacia las primeras declaraciones políticas de los presidentes de EEUU encontramos un común denominador, la voluntad de repliegue hacia cuestiones que en el mundo anglosajón se califican de ‘domésticas’. Con unos frentes exteriores abiertos que acaban generando malestar y cansancio entre la población los nuevos inquilinos de la Casa Blanca han tenido una buena arma electoral en la promesa de poner fin a aventuras exteriores que, además, cuestan dinero, y en según qué casos, vidas humanas.

Luego la realidad es bien distinta. EEUU ha sido y sigue siendo la primera potencia mundial. Tiene aliados a los que acompañar, compromisos que cumplir e intereses que defender. Y al final, aquellos deseos de retirada del escenario internacional acaban en nada.

Donald Trump no ha engañado. Siempre ha anunciado un ‘America first’ en el sentido más amplio de la expresión. Lo ha cumplido en lo que se refiere a cuestiones económicas, migratorias o medioambientales. Ahora, con el anuncio de la retirada estadounidense de Siria y posiblemente de Afganistán, el repliegue llega al corazón de lo que ha sido la presencia de EEUU en el mundo con su política exterior.

Poco modélico

No es que esta presencia en ambos países haya sido modélica. Todo lo contrario. La invasión de Afganistán, por ejemplo, ordenada por George W. Bush tras los atentados del 11-S no ha logrado en 17 años poner punto final a la actividad de los talibanes y ha dejado un Afganistán inseguro donde sigue la violencia tanto en el campo como en la supuestamente segura capital. El atentado suicida cometido en Kabul hace pocas semanas que dejaba más de 50 muertos es una de las últimas muestras. En Siria, el presidente Barack Obama impuso unas líneas rojas sobre el uso de armas químicas que el presidente Bachar El Asad no debía cruzar. El tirano de Damasco las cruzó y Obama se tragó sus palabras. Son solo dos ejemplos, pero la historia reciente contiene un amplio catálogo.

El anuncio de retirada hecho ahora por Trump, decidida sin ningún tipo de debate con los aliados y, al parecer, sin la cualificada opinión de los responsables de defensa y seguridad, ha tenido una inmediata reacción en la renuncia del jefe del Pentágono, Jim Mattis. Este militar de larga trayectoria ejercía de dique ante el desbordamiento de intenciones de un presidente ignorante que solo ve el mundo con la óptica de un tiburón inmobiliario. En su carta de renuncia Mattis da en el clavo cuando asegura que la fuerza de EEUU está íntimamente ligada a la de un amplio sistema de alianzas y asociaciones para las que pide respeto. Quizá la retirada no es una mala idea ‘per se’. Pero lo es tomada de forma personal, despreciando a socios y a la propia administración, sin valorar las consecuencias.

Las primeras víctimas de este menosprecio serán sin duda los kurdos de Siria. Contrariamente a lo dicho por Trump, el ISIS no está derrotado y hay candidatos a ocupar el espacio dejado por EEUU. Uno es Irán. El otro, Rusia. “Donald tiene razón, estoy de acuerdo”, ha dicho Vladimir Putin. Naturalmente.