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La lucha por la igualdad

Gayatri Spivak y Marina Garcés debaten sobre educación en la Biennal de Pensament.  

ÁLVARO MONGE

¡Chicas, a escena!

Sílvia Cóppulo

Mentalmente, a las mujeres solo les permitimos estar arriba y ocupar espacios pensados para los hombres cuando llegan ahí porque son las mejores

Ellas dudan; ellos van. Ellas se preguntan si son las más indicadas, si son profundamente conocedoras de ese ámbito, si tienen suficiente experiencia y, sobre todo, si merecen ocupar el sillón que les ofrecen en el debate de televisión. Piensan. Le dan vueltas. Y a punto están de declinar la oferta. Ellos, por el contrario, huelen la oportunidad. Visibilidad, prestigio. Claro que el tema no es exactamente su especialidad, pero se sienten y se saben capaces de relacionar sus otros conocimientos y aparecer con seguridad ante los focos. ¿Por qué deberían rechazar la oferta? ¡Qué tontería! ¿Que no hay tiempo para preparárselo? Pues no lo hay, dicen ellos. Pues no puedo ir, dicen ellas. Además, está la logística familiar. Tema menor para ellos. Para ellas, de relevancia esencial.

Hombres cuota

Hay más: se trata de un espacio público, que también ha sido ocupado tradicionalmente por los hombres. Nunca nadie se ha cuestionado si ellos eran los mejores para estar ahí. Parecía algo consustancial al género masculino. ¿Cómo, si no, no nos preguntamos por qué los hombres ocupan mayoritariamente los lugares de responsabilidad sin ser 'los más'? Me temo que es pura aplicación de una cuota inconsciente a favor de ellos, para que no pierdan ni un ápice de poder o de identidad. Hombres cuota.

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He vivido muchas veces esta situación como directora de programas en la radio y en la televisión. De manera diáfana cuando dirigí 'Amb ulls de Dona', 71 ediciones de debate paritario, uno a uno, en TVE. Pero, con todo, es de justicia referirme a otro elemento que interviene. Y es que la valoración que se haga de las mujeres que aparecen en los medios de comunicación es mucho más dura. Mentalmente, a las mujeres solo les permitimos estar arriba y ocupar espacios pensados para los hombres cuando llegan ahí, impulsándose solas, porque son las mejores, garantía pura. Ya basta, ¿no? Hagamos la prueba del algodón. Comparemos los resultados en todos los ámbitos de ellos y ellas. Se trata de entrar, quedarse y avanzar. ¡Chicas, a escena!