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EL ANÁLISIS

Dembélé entra en el campo de la ciudad deportiva junto a Lenglet antes del duelo con el Tottenham.

REUTERS / ALBERT GEA

¿Dembélé? Prueben con un canguro

Sònia Gelmà

Era una semana para disfrutar de su golazo al Espanyol, pero el francés ha vuelto a demostrar que no tiene despertador

Hacer un Dembelé podría significar que recibes un balón con la izquierda, recortas y chutas con la derecha. O al revés, que acomodas con la derecha, amagas y disparas con la izquierda. O podría ser un disparo potente desde fuera del área cuando nadie se lo espera, como en la Supercopa. Pero ahora mismo hace un Dembelé aquel que trasnocha por motivos diversos, incluso relacionados con una consola de videojuegos, y acaba apareciendo en el trabajo con la sábana marcada en la cara. Y no cinco minutos tarde, ni veinte, un buen Dembelé son dos horas de retraso.

Era una semana para disfrutar de su golazo, para valorar si su rendimiento le había permitido adelantar un Coutinho poco fino desde que salió de la lesión. Pero por lo visto, Dembelé sigue sin despertador. Todo lo que había ganado sobre el césped en los últimos partidos, lo perdió la mañana del domingo. Una mañana que Valverde imaginaba tranquila y soleada después de haber ganado el derbi.

La reincidencia del joven francés reclama una solución extraordinaria del club

La reincidencia del díscolo delantero reclama una solución extraordinaria. Dembelé no es un trabajador cualquiera, es un futbolista por el que la empresa que lo contrató pagó más de cien millones de euros. Lo más conveniente, pues, es que el club tome la responsabilidad que el jugador parece evidente que no asume.

Lo que más duele a un futbolista es quedarse en la grada y si con eso, no ha habido reacción, no parece que una multa económica, por alta que sea, vaya a funcionar. Puesto que la vía punitiva no ha dado resultado, quizás haya llegado el momento de contratar un canguro para proteger el patrimonio del club. Alguien que se encargue de sacarlo de la cama cada mañana y, si hace falta, de arroparlo cada noche. Una decisión que trata a Dembelé como a un niño, efectivamente, pero hay cien millones de razones para hacerlo. Si su representante, si su entorno, no le saben hacer ver lo que se juega, quizás deba ser el club quien tome la iniciativa.

Vuelve la marejada

Otra cosa es el planteamiento que pueda hacerse el área deportiva a final de temporada, basada en si hay posibilidad de que el futbolista aprenda a ser profesional. Su talento le ha llevado hasta un mundo de élite para el cual quizás su nivel de profesionalidad no esté preparado. Su actitud no es ninguna sorpresa, ni siquiera para la entidad, tal como descubrimos ayer a través del que fuera ayudante de Robert en la secretaría técnica, Urbano Ortega, en declaraciones a la COPE.

Una lástima que el jugador tenga tan poca constancia fuera del césped, justo en la semana en que el barco dembelista, el barco de los que creemos en su talento, iba tan lleno. Vuelve la marejada.