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EL FALLO DE 'LA MANADA'

Concentración de rechazo a la sentencia de la Manada en la plaza de Sant Jaume de Barcelona.

ÁLVARO MONGE

Nueva sentencia, poder patriarcal

Gemma Altell

Solo en los delitos sexuales la víctima debe probar que se resistió, detrás subyace el control de las mujeres ante su libertad sexual

No son argumentos  técnicos, no se trata de que la ciudadanía desconozca el Código Penal actual y no podamos entender la sentencia porque no tengamos capacidad para ello, no tiene que ver con que la construcción  del relato de los hechos tiene que estar en los fundamentos jurídicos. Es ideología pura, es patriarcado. No querer sentenciar –ni ratificar- que el delito cometido en Sanfermines por los componentes de 'La Manada' fue una agresión sexual tiene que ver con el ejercicio del poder por parte del sistema judicial.

Desgraciadamente dos votos particulares no son la mayoría y el inmediato ingreso en prisión tampoco es suficiente. En un momento en el que muchas de nosotras (y nosotros) hemos decidido no callar ante una justicia patriarcal que transmite un mensaje de impunidad ante la violencia sexual y que perpetúa el miedo con el que hemos crecido TODAS las mujeres, la pretendida justicia lanza un mensaje de ratificación sobre dónde está el poder.

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Pero nosotras ya no queremos seguir viviendo con miedo. Cada sentencia que sigue penalizando a la víctima en lugar del agresor alimenta este miedo. Revictimiza a las mujeres y pone en cuestión nuestro comportamiento en lugar de cuestionar la agresión en sí misma. ¿En cuántos delitos la víctima tiene que “demostrar su inocencia” o probar que se resistió todo lo que pudo para evitar que la sometieran a un delito? Solo en los delitos de naturaleza sexual. ¿Por qué? Porque detrás subyace el control y la penalización de las mujeres ante su libertad sexual: si tienes determinado comportamiento ya sabes que te expones a ser sometida y violentada por no ajustarte al rol que tiene previsto para ti este nuestro sistema patriarcal.

Las familias seguimos diciendo a nuestras adolescentes que vigilen cuando vuelvan solas de noche, necesitamos promover la autodefensa feminista y, en definitiva, el espacio público sigue sin ser nuestro porque aún vivimos en una sociedad que ejerce violencia estructural a través de sus instituciones.