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Contrapunto

 Jóvenes trabajando con aparatos electrónicos.

Mileurista, de insulto a privilegio para los jóvenes

Salvador Sabrià

El uso de las palabras define también cómo va cambiando una sociedad. Y en el mundo laboral esto es muy evidente. En el anterior boom del sector inmobiliario, que explotó en el 2007, 'mileurista' era uno de los insultos para despreciar a un joven que tenía un empleo mal pagado y precario. Una década de crisis, reformas laborales que han rebajado los derechos de los trabajadores, un paro disparado y un empleo cada vez más precario, entre otras circunstancias, han hecho que ahora un joven mileurista sea considerado casi un privilegiado. Si, además, tiene un contrato fijo para una jornada completa, incluso se le califica de afortunado. Unas frases similares las utiliza el sindicato CCOO en el informe #GeneraciónMóvil, una radiografía de la juventud y 10 ejes de trabajo, presentado recientemente.

Basándose, entre otros, en datos pormenorizados de la Encuesta de Población Activa, o la Encuesta Anual de Estructura Salarial, realizados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) durante los últimos 10 años de crisis, el sindicato llega a la conclusión de que el colectivo de jóvenes ha sido el que ha salido peor parado en este periodo. Solo utilizando el ejemplo inicial del mileurista ya se hace evidente este fenómeno: si a un salario mensual de 1.000 euros del 2007 se le aplica la inflación, resulta que le correspondería cobrar en el 2016 unos 15.680 euros (repartidos en 14 pagas), solo unos 800 euros menos del salario más frecuente en España ese año, el último con datos disponibles de este parámetro.

El informe del sindicato constata que el descenso de los salarios medios ha sido mucho más acusado en las franjas de empleados jóvenes que en las del resto de trabajadores. En el periodo del 2008 al 2016 se registró una caída salarial del 28% entre los menores de 20 años; del 15% entre los de 20 y 24 años y del  9% entre los de 25 y 29 años. Unos porcentajes que contrastan con el aumento del 3% del salario medio en los colectivos de 40 a 49 años. Una subida que no deja de ser, en todo caso, una bírria y una pérdida de poder adquisitivo, pero que constata el aumento de la brecha salarial entre generaciones. 

Lo que hace una década se llamaría sin ambages explotación laboral, ahora se ha convertido en frases como "es lo que hay", o "es el mercado, amigo", o "mejor esto que nada". Y se intenta que se asuma por parte de la mayoría de la población que esta es la normalidad con la que hay que acostumbrarse a vivir, cuando lo que ha sucedido es que se ha llegado a esta situcación por una dura crisis, es cierto, pero sobre todo por unas políticas que han reducido los derechos laborales, han justificado el aumento de la desigualdad y han demonizado más que nunca cualquier intento redistributivo. Es hora de revertirlo.