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Gabriel Rufián, tras su rifirrafe con Josep Borrell, el 21 de noviembre en el Congreso.

DAVID CASTRO

Borrell, Rufián y la dignidad del Congreso

Joan Tapia

ERC no puede amalgamar a los catalanes que se manifiestan contra la independencia con la extrema derecha

Es lógico que los ánimos de los nueve diputados de ERC en el Congreso estén alterados. La fiscalía pide muchos años de prisión para su líder, Oriol Junqueras, mientras Cs y el PP insisten cada día en calificar de "golpistas" a los dirigentes del 27-O acusados de rebelión. Como máximo serían "presuntos golpistas" porque aún no han sido condenados. Y quizá no lo sean, piense lo que piense este premio nobel de la astucia parlamentaria que se llama Ignacio Cosidó.

En este contexto, lo de Albert Rivera en el Congreso el martes, martilleando lo de "golpistas" y afirmando que en España ha habido dos golpes de Estado, el de Tejero y Milans del Bosch del 23-F y el del 27-O del 2017, es preocupante. Se juzgue como se juzgue el 27-O -incluso si se cree que hubo rebelión-, roza la infamia igualar a dirigentes de ERC, un partido que fue víctima de la dictadura franquista nacida de un golpe de Estado, con Tejero y Milans, que la quisieron resucitar y secuestraron a los diputados.

Por eso se entiende que Joan Tardà se incendiara. Pero lo de este miércoles de Gabriel Rufián -el doctor Jekyll y Mister Hyde de ERC- tiene poca justificación. Repetir teatralmente en el Congreso que Josep Borrell es "el ministro más indigno de la historia de la democracia española" es una estulticia. Y añadir que "milita en Societat Civil Catalana (SCC), un grupo de extrema derecha", no es solo faltar a la verdad (Borrell no milita ahí, como tampoco Carlos Jiménez Villarejo ni Paco Frutos, que participaron en la misma manifestación), sino menospreciar e insultar a las decenas de miles de catalanes que -alarmados por una anticonstitucional y antiestaturaria DUI- hicieron uso de la libertad y expresaron en la calle su protesta.

Si SCC es la extrema derecha, qué debe pensar Rufián del 43,5% de catalanes que votaron al PP, a Cs y al PSC, que participaron en las manifestaciones de Societat Civil. Y solo hace falta escuchar la última conferencia pública de Josep Rusiñol, presidente de SCC, para ver que sus matizadas opiniones sobre la situación actual de Catalunya no coinciden no ya con la extrema derecha, sino tampoco con las del PPC o Cs.

¿Independentismo responsable?

El partido que quiere presentarse como el del independentismo responsable no puede tener un portavoz que crea (o diga) que el 43,5% de catalanes son de extrema derecha. Y no quiero entrar en lo del escupitajo -que es llevar el parlamentarismo al submundo más abyecto- porque tanto Borrell como Tardà me merecen crédito.

ERC puede estar molesta o indignada y negarse a votar los Presupuestos -está en su derecho, aunque así favorezca a los que califican a Junqueras de "golpista"-, pero se haría acreedora de un mal calificativo si amalgama a los catalanes que legítimamente se manifiestan contra la independencia con la extrema derecha.

Por suerte, la sesión del Congreso de este miércoles nos ha dejado algo bastante más positivo. La presidenta de la Cámara, Ana Pastor, no solo expulsó a Rufián, sino que ordenó borrar del acta los insultos de fascista y golpista. Una forma de censurar la extraña deriva tanto de Pablo Casado como de Rivera.