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Análisis

Rosalía, lujo deportivo

BRIDGET BENNETT / AFP

Rosalía, lujo deportivo

Lucía Lijtmaer

Su éxito meteórico y galáctico ha obligado a señalar una clara ascensión al olimpo de las marcas

Vamos a dejarlo claro: no existen las divas de perfil bajo. ¿Quién conoce a una estrella, una verdadera estrella, una de las candilejas, rutilante y que haya creado estilo a base de trajes grises? Absolutamente nadie.

Gwyneth Paltrow, podrán decir algunos. Y desde aquí responderemos: eso no es cierto. Gwyneth comenzó su carrera de actriz tirando de colores piedra, beiges apagados y tristes tonos tejas; pero, ¿qué se puso para ganar un Oscar? Nada más y nada menos que un vestido rosa chicle de raso, pegado al cuerpo, para poder brillar.

El mismo rosa chicle usó la otra noche Rosalía, diva trasnacional, flamenca universal, mujer que en su ascenso meteórico y galáctico ya no necesita apellido, como las grandes: BarbraBeyoncéMadonna o Liza no han necesitado más, y ella tampoco. Todas, además, han creado un estilo propio a base de estilistas y, sobre todo, diseñadores fieles que han sabido retratar el 'zeigeist' de la década.

Reivindicación de la reina choni obrera

Como toda buena divinidad, Rosalía aspira a la universalidad: debe ser singular pero colectiva, única pero masiva, inconfundible pero aspiracional. Para ello, Rosalía debe ser su producto, pero trascenderlo. Así, si su música lleva el sello de El Guincho y ella misma, el diseño visual de su disco está extremadamente pensado de la mano de Filip Custic, con texturas gelificantes, Fridas Kahlo ambiguas y oníricas, propias de un surrealismo contemporáneo y digital.

Su estilo también se extiende como las patas de una araña para abarcar cada aspecto barroco y manierista de la imagen contemporánea. Rosalía lo puede contener todo: es trapera y flamenca, es joven y atemporal, es catalana y de barrio. Esto implica una elección muy cuidada de los estilismos de los ya famosos videoclips, filmados por Canada, que contraponen imágenes tradicionales y costumbristas -toros, costaleros, polígonos-, y que exigen de su vestuario una continuidad: plataformas, 'crop tops' y uñas de gel. Rosalía reclama a la reina choni obrera que en los videoclips viste de las diseñadoras María Escoté Pepa Salazar y lo combina con el chándal de terciopelo de su hermana. Es chandalera, reina del barrio y sabe elegir qué necesita para construir su imperio.

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El éxito de Rosalía ha obligado a señalar una clara ascensión al olimpo de las marcas, y eso se vio la noche de los Grammy Latinos: la diva se cambió cuatro veces, y pasó del impresionante tul rosa de Yolancris a Palomo Spain combinado con Gucci, y de ahí a Versace para atender a la prensa. Rosalía en una noche fue reina de bailes de fiesta con flecos, maestra de la lentejuela, dueña y señora del tul con zapatillas.

Y para rematar la consagración, Rosalía acaba de sacar su colección en Pull n'Bear: chándales, sudaderas y camisetas 'cropped'. Esa es la estrategia: lujo deportivo sobre el escenario y marca 'low cost' en todas las calles. Como toda buena diva, Rosalía sabe que el polígono es un lugar que se conquista y la diva se construye a través de conquistar todos los lugares posibles. Larga vida a la diva.