Ir a contenido

MIRADOR

Los expresidentes de la Generalitat Artur Mas y Carles Puigdemont

EFE / OLIVIER HOSLET

La Crida y Mas

Astrid Barrio

La Crida Nacional por la República, la iniciativa lanzada en julio por Carles Puigdemont y algunos miembros de Junts per Catalunya con el objetivo de constituir un gran movimiento capaz de reunir al conjunto del independentismo y de erigirlo en la figura capital del mismo, no parece, de momento, estar teniendo mucho éxito. A la negativa inicial de ERC y de la CUP se ha añadido el recelo del PDECat a disolverse en un nuevo proyecto político, puesto que no parece ser capaz de contribuir a ensanchar la base del partido que ha menguado mucho en relación a lo que había sido Convergència. 

Las dificultades para poner en marcha la Crida han quedado patentes con el retraso en la celebración del congreso constituyente, pospuesto para comienzos de 2019. El 27 de octubre, aprovechando la conmemoración de la declaración de independencia del año pasado, se celebró una convención en la que se presentaron una ponencia ideológica impulsada por Jordi Sànchez y una de organizativa, a cargo de Gemma Geis, documentos que están en fase de discusión y enmienda por parte de los adheridos al proyecto. La Crida reclama la unidad, la libertad de los presos y la independencia, pero sin aclarar con qué hoja de ruta y parece dispuesta a aceptar una doble militancia. Pero su principal aspiración es hacer candidaturas republicanas unitarias. El problema es que, más allá de algunos miembros del PDECat, precisamente los que perdieron el congreso -entre los cuales algunos de los 'exconsellers' encarcelados- de la propuesta de primarias republicanas hecha por Jordi Graupera (con la que puede haber una cierta confluencia y del beneplácito del ANC) las listas unitarias a las municipales y europeas tampoco han suscitado consenso. Que Puigdemont no consigue arrastrar al conjunto del independentismo y que se haya ofrecido a ir de número dos de Oriol Junqueras a las elecciones europeas y que Sànchez, el otro posible líder natural del proyecto, esté inhabilidad plantea muchas dudas sobre quien puede encabezar la Crida, concurrir a elecciones y actuar con normalidad a las instituciones. 

Y muy oportunamente en este contexto Artur Mas, a quien la CUP parecía haber enviado a la papelera de la historia, ha vuelto a ser noticia porque el Tribunal de Cuentas lo ha condenado a pagar los gastos del 9-N, al tiempo que se le ha vuelto a situar en la órbita después de haber renunciado a presidir el PDECat a comienzos de año. Estos días, además el Tribunal Supremo está revisando su inhabilitación, que expira el mes de marzo, momento a partir del cual podrá volver a ser candidato, de tal modo que teniendo en cuenta las circunstancias puede suceder que Mas, que empezó el 'procés' haciendo de Moisés, lo pueda cerrar resucitado como Jesucristo.

La incógnita es con qué destino: ¿Europa, Barcelona o la Generalitat? En un momento en que la batalla por la ciudad condal es fundamental y que las expectativas de los postconvergentes en son muy exiguas - y una vez descartados Ferran Mascarell, Neus Munté y Elsa Artadi- el retorno de Mas puede ser una gran opción para enfrentarse a Ada Colau, Ernest Maragall y Manuel Valls. Es un muy buen conocedor de la realidad barcelonesa, tanto como Joaquim Forn, ya que su carrera política empezó precisamente en el ámbito municipal y enfrentándose al otro Maragall.