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Tensión en la campaña electoral

Lanzallamas verbales

David Swanson

Lanzallamas verbales

Rosa Massagué

En los últimos años se han ido sucediendo en EEUU atentados desde la extrema derecha supremacista blanca azuzada por declaraciones de políticos

Desde su llegada a la Casa Blanca -para ser exactos, desde mucho antes- Donald Trump ha insultado y acusado reiteradamente de todos los males a la CNN y a los demócratas, en particular a los Clinton y a Obama. Casualmente, esta cadena de televisión y varios prominentes políticos demócratas además de los citados, han recibido paquetes bomba que por fortuna no han causado daños personales. ¿Relación de causa-efecto? Las investigaciones lo dirán. Lo cierto es que la campaña electoral para las elecciones de mitad de mandato el próximo día 6 de noviembre se desarrolla en un clima de enfrentamiento máximo, de violencia verbal y acoso que nace de la misma Casa Blanca.

Todo le sirve a Trump. Y como experto que es en el arte del birlibirloque le ha dado la vuelta a la cuestión diciendo que son los demócratas quienes atizan la conducta violenta. El presidente está desatando todos los demonios verbales, a cual más simplista, mejor. Por ejemplo, la caravana de hondureños que se dirige hacia el norte es "un asalto" a EEUU y quienes en Honduras han abandonado todo, es decir, nada, porque nada han tenido ni nada tienen, son "gente muy mala". Este es el nivel.

Bajo la bandera del patriotismo

Un acierto sí ha tenido el presidente acerca de los paquetes bomba. Calificó las acciones de terrorismo, pero acto seguido la Casa Blanca desvarió al llamar criminales y "desconocidos de Oriente Próximo" a aquellos centroamericanos. Y esta es la cuestión. Los atentados del 11-S lograron identificar terrorismo con el mundo árabe obviando que en EEUU se ha dado y se da un terrorismo de matriz propia coincidente con el supremacismo blanco.

El golpe del 11-S fue tan grande y el ataque tan externo que nadie se acordó de que seis años antes Timothy McVeigh y su cómplice Terry Nichols habían atentado con un camión bomba contra un edificio federal en Oklahoma City, capital del estado de dicho nombre, causando la muerte de 168 personas entre las que había 19 niños, y dañando a más de 300 edificios en un radio de varias manzanas. El terrorista, un joven blanco, veterano de la guerra del Golfo (1990-1991) y simpatizante de milicias paramilitares que apenas esconden su supremacismo bajo la bandera del patriotismo, odiaba todo lo que representaba el estado federal por considerarlo una imposición tiránica.

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McVeigh no era el único en oponerse al estado federal que es la base sobre la que se asienta la grandeza de aquel país que se llama precisamente Estados Unidos y cuya máxima representación es el Gobierno de Washington. En el partido republicano la corriente antifederalista y contra la élite de la capital desembocó en el Tea Party hace una década, un movimiento que hoy ha sido engullido y aumentado por el trumpismo.

En los últimos años se han ido sucediendo atentados desde la extrema derecha supremacista blanca contra iglesias africanastemplo sijsclínicas donde se practica el aborto o políticos demócratas. Que la mayoría de estos atentados se produjeran por armas de fuego en un país donde estas circulan libremente y los tiroteos son frecuentes diluye la calificación de actos terroristas. Pero esto es lo que son, terrorismo azuzado por los lanzallamas verbales