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Al contrataque

El president de la Generalitat, Quim Torra.

JULIO CARBÓ

Un niño jugando con pistolas cargadas

Antonio Franco

Catalunya necesita que mientras el independentismo tenga mayoría parlamentaria lo lidere una cabeza pensante con más solidez y realismo

No sabemos hacia adónde va Quim Torra. No tenemos buen concepto de él, creo que nadie. Es una cuestión grave: los catalanes no tenemos buen concepto del presidente que nos gobierna, ni quienes discrepamos de su ideología ni los independentistas como él. De ese gesto suyo, en su papel de agitador, de animar a los CDR a presionar a los Mossos d'Esquadra, para luego, en su papel de 'president', consentir que los Mossos repeliesen a bofetadas a los CDR que le obedecieron, hablarán los libros de historia. Es un triste resumen de la Catalunya de hoy.

De farol y sin gobernar

Se trata de un presidente que, dicho sea con todo el respeto, no sirve para nada. Farolea bien, como diría la señora Ponsatí, pero no gobierna. Si mañana los presos quedasen en libertad y se suspendiese de forma indefinida el juicio de la presunta rebelión, él no sabría qué hacer, pues desconoce tanto la gestión política de las situaciones como la conducción de un país. Desde el Palau únicamente ha mostrado improvisacióntacticismo del malo y continuas contradicciones.

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Su gesto de chantajear públicamente a Pedro Sánchez con la amenaza de hacerle caer si en un mes no hace una oferta de autodeterminación para Catalunya pesa muy poco, porque nadie ha podido tomarle en serio. El problema es que podría llegar a hacerlo porque la mayoría parlamentaria catalana ha tenido la irresponsabilidad de nombrar presidente a un niño que juega con pistolas cargadas. Torra es absurdo, si hace caer al conciliador Sánchez solo pueden pasar dos cosas: una reelección en las urnas del líder socialista convertido entonces en un presidente español con más capacidad todavía de despreciar sus chantajes, o la llegada a la Moncloa del dúo Pablo Casado-Albert Rivera, que lo primero que harían sería reinstaurar el artículo 155, intentar meterle en la cárcel y desestabilizar Catalunya como el irresponsable Mariano Rajoy, el niño que jugó con unas tijeras hasta partirnos en dos posiblemente para siempre.

Desde mi desacuerdo con el independentismo, quiero serle leal y decirle que Catalunya necesita que mientras tenga mayoría parlamentaria lo lidere una cabeza pensante con más solidez y realismo. Alguien que en vez de pensar que preside una república imaginaria no flirtee con gente dispuesta a emplear coacciones cada vez más violentas y trabaje para la aventura dificilísima de intentar conseguir la independencia por vías impecablemente democráticas. Alguien que si no le respalda una mayoría cualificada de evidentemente bastante más del  50,01% de la población sepa resignarse y continuar intentando ensanchar el apoyo. Europa apuesta por eso, quiere que España evolucione y estructure mejor la identidad política diferenciada catalana, pero cada vez nos presta menos atención. Para ella solo somos imágenes sobre barullo. Ojo, eso se paga.  

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