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La retórica de Torra

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, en el Parlament

ELISENDA PONS

'Impasse' estratégico

Esther Vivas

El Govern plantea un horizonte imposible, el de aplicar el mandato del 1 de octubre en el marco del constitucionalismo español

El aniversario del 1-O ha puesto de relieve lo que era un secreto a voces, la ruptura entre una parte del movimiento independentista y el Govern. Mientras que desde la calle y el asociacionismo se insiste en que hay que hacer efectivo el mandato del 1 de octubre, el 'president' intenta hacer todos los equilibrios posibles para mantener una retórica republicana que esconde, como puede, una práctica autonomista.

Sin embargo, el divorcio definitivo ha llegado estos días de la mano de la Conselleria d'Interior. Las últimas actuaciones policiales, con los Mossos cargando contra activistas independentistas, quedan muy lejos de esa imagen idílica de unas fuerzas de seguridad que algunos definieron como “la nostra”. La policía carga igual, sea catalana o española. Algo que algunos descubrimos hace mucho tiempo. Sin menospreciar la violencia policial del 1-O, tenemos experiencias anteriores como la del 15-M.

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No se puede un día guiñar el ojo a los CDR, como hizo el 'president', para al siguiente mandarles los antidisturbios. Que no se extrañe ahora que más de uno le exija la dimisión del 'conseller' de Interior, Miquel Buch. Aunque no contentos con el “espectáculo” represivo, el Govern ha cargado contra la movilización, criminalizado a los activistas. El sector más combativo del independentismo tensa la cuerda, pero si no evalúa bien la correlación de fuerzas, puede caer en un excesivo voluntarismo, agudizado por obviar los problemas de fondo del movimiento en lo que concierne a los límites de su composición social.

La intervención de Quim Torra en el debate de política general nos ha dejado una nueva imagen del 'president' funambulista, en ese equilibrio entre la retórica republicana de ruptura, sin ningún tipo de efecto práctico, y el espejismo de una negociación inmediata con el Gobierno español sobre un referéndum de autodeterminación. El Govern plantea un horizonte imposible, el de aplicar el mandato del 1 de octubre en el marco del constitucionalismo español. Su 'impasse' estratégico parece crónico.

Elecciones a la vista

De fondo la lucha cainíta en el seno del independentismo mayoritario, entre un espacio posconvergente montado en la burbuja independentista y una Esquerra que intenta pincharla, pero sin saber hacia dónde ir. El horizonte electoral, ya sea de unas municipales y europeas con fecha en el calendario o un posible adelanto de las generales y/o las catalanas, marca el discurso, manteniendo secuestrado el debate estratégico. Mientras, el Govern guarda un as en la manga, el de la sentencia de los juicios a los presos políticos, que puede permitir cohesionar de nuevo las bases en beneficio propio.

Ahora, que tanto se apela al 1-O, sería bueno tomar nota de una de sus principales lecciones: la imprescindible alianza entre independentistas y partidarios de romper con el régimen del 78, que se hizo efectiva el 1-O y el 3-O. Sin esta mayoría social en torno a una proyecto de ruptura, la república es una quimera.

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