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ANIVERSARIO DEL REFERÉNDUM

La calle desborda a Torra

El 'president' jalea a los CDR, que se revuelven contra él y provocan choques en el Parlament

La jornada de homenaje al 1-O constata profundas diferencias estratégicas en el independentismo

Daniel G. Sastre

Un mosso acaba en el suelo tras tirarle una valla, en el Parlament.

Un mosso acaba en el suelo tras tirarle una valla, en el Parlament. / FERRAN NADEU

El independentismo no celebró con alegría el primer aniversario del 1-O, seguramente el día más importante de su historia. En el ánimo de dirigentes políticos y ciudadanos de a pie pesaba el recuerdo de la contundencia policial con la que el Gobierno de Mariano Rajoy reprimió la votación, pero también la certeza de que, un año después, las cosas no están mejor para ellos. Con sus principales líderes en la cárcel o ‘exiliados’, con sus representantes parlamentarios enfrentados por la estrategia, los soberanistas convirtieron la jornada en un descoordinado homenaje a quienes se dejaron la piel para participar en un referéndum que, a la postre, no trajo la independencia de Catalunya.

Ha pasado un año, pero, desde muchos puntos de vista, parecen lustros. Ni Rajoy ni Carles Puigdemont se sientan ya en la mesa donde se toman las decisiones, aunque el influjo del ‘expresident’ es todavía grande en Palau. Gobierno y Generalitat negocian con discreción en ámbitos diversos, y, tras las cargas del fin de semana, ahora son los Mossos d'Esquadra la fuerza policial que recibe las críticas de determinado independentismo.

Alejados los grandes partidos de la acción directa, los CDR asumieron este lunes el peso de las demostraciones callejeras. Hubo cortes temporales de carreteras y de vías férreas, pero no alcanzaron la repercusión para la vida cotidiana de los sucesos del pasado mes de octubre. Hubo también manifestaciones, acciones simbólicas en los colegios atacados por las fuerzas policiales en el 1-O y muchos discursos.

En el más significativo, el presidente de la Generalitat dejó de nuevo muestras de su amor por el simbolismo y el doble discurso. El Govern celebró su reunión semanal en Sant Julià de Ramis, la localidad donde Puigdemont no pudo votar el año pasado por la presencia de la Guardia Civil, y allí Quim Torra declaró su apoyo a los CDR. “Apretáis, y hacéis bien en apretar”, dijo el ‘president’ a estos grupos, cuya visión sobre la situación coincide con la de la CUP.

El problema es que no hace ni tres días los Mossos de la Generalitat estaban cargando contra esos representantes del independentismo más impaciente, por intentar romper un cordón policial cerca de la plaza de Sant Jaume. Y eso provocó que en las manifestaciones de la mañana los CDR pidieran a gritos la dimisión no solo de Miquel Buch –el ‘conseller’ de Interior lleva semanas en su punto de mira-, sino también la de Torra.

El divorcio entre la desorientación de los despachos y la prisa de una parte de la calle fue evidente en varios momentos de la jornada. Por ejemplo, cuando un grupo de activistas entró en la Delegación del Govern de Girona, arrió la bandera española e izó una ‘estelada’. O cuando, en la manifestación más importante del día, en la que la ANC y Òmnium reunieron en Barcelona a decenas de miles de personas, una parte de la muchedumbre pidió de nuevo a Torra que encabece la desobediencia al Estado o dimita.

'S'han acabat els somriures'

Al final de esa marcha, un grupo presente aprovechó que el acto final de la marcha se celebraba en el parque de la Ciutadella para intentar romper la protección policial al grito de ‘Ocupem el Parlament’ y 'S'han acabat els somriures'. Y varios miles de personas se concentraron frente a la comisaría de la Policía Nacional de la Via Laietana y lanzaron gritos contra las “fuerzas de ocupación”.

El barullo político se trasladará este martes precisamente al Parlament. La Cámara celebra el debate de política general, una de las sesiones más importantes del año, tras dos meses y medio de bloqueo. Pero antes, los diputados deben decidir qué hacer con sus seis compañeros procesados por el Tribunal Supremo, entre los que se encuentran Carles Puigdemont y Oriol Junqueras.

Tras una negociación que ha puesto en peligro la estabilidad del Govern, JxCat y ERC pactaron que acatarían la suspensión y que otro diputado asumiría el voto de los procesados, aunque estos conservarían su acta. Pero las diferencias con la CUP dejaron en el aire incluso ese acuerdo de mínimos, porque, pese a que los ‘comuns’ van a apoyarlo, los votos de los antisistema son necesarios para alcanzar la mayoría absoluta en el Parlament. Los letrados de la Cámara dieron finalmente un respiro al Ejecutivo catalán: en contra de lo que dijeron al principio, ahora consideran que basta con una mayoría simple para aprobar el dictamen.

Pese al ímpetu de la CUP y los CDR, incluso Puigdemont ha puesto el freno en los últimos días, y ahora reniega de la vía unilateral. Ayer, en una entrevista en RAC-1, el ‘expresident’ se mostró partidario de dar “un espacio de confianza” a Pedro Sánchez. La mirada de todo el independentismo institucional está ahora puesta en el juicio a los responsables del 1-O.

Pero otros rivales políticos no van a dar ningún margen al presidente del Gobierno. Lo demostraron PP y Ciudadanos, que se han unido para firmar una petición conjunta de comparecencia en el Congreso de Sánchez. Le preguntarán  qué piensa hacer para "detener el caos, la violencia y la ocupación del espacio público" que ven en Catalunya, y por las "vejaciones y agresiones" contra los cuerpos de seguridad del Estado.

Pablo Casado fue más lejos y se refirió indirectamente a la posibilidad de que PDECat y ERC sean ilegalizados si “alientan la violencia”. El líder del PP, crecido después de haber salido ileso del ‘caso máster’, ha hecho de la situación en Catalunya uno de sus principales arietes contra el Gobierno. Para el PSOE, sin embargo, la jornada se desarrolló dentro de unos parámetros “asumibles”