Editorial

El 1-O y la presión de la calle

Por mucho que se esfuerce Torra, los CDR exigen su dimisión. El doble juego de la cúpula independentista es insostenible

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Quim Torra y  Roger  Torrent, en los actos del aniversario del 1-O en Sant Julià de Ramis.

Quim Torra y  Roger  Torrent, en los actos del aniversario del 1-O en Sant Julià de Ramis.

Precedido por las imágenes de violencia del fin de semana,  el aniversario del 1 de octubreaniversario del 1 de octubre transcurrió con relativa calma hasta la noche, cuando hubo cargas policiales en la  Via Laietana de Barcelona y en el Parlament, donde los manifestantes rompieron el cordón policial de los Mossos d'Esquadra y obligaron a la policía catalana a cargar con contundencia para disolverlos.  Durante el resto de la jornada, los Comitès de Defensa de la República (CDR) efectuaron  cortes de carreteras y vías férrea Y los Mossos d'Esquadra detuvieron al hombre al que una periodista francesa grabó agrediendo a un manifestante de Jusapolagrediendo a un manifestante de Jusapol, la plataforma policial que convocó un homenaje  a la labor de los agentes de la Guardia Civil y del Cuerpo Nacional de Policía durante el 1-O

Resuta muy difícil ver las imágenes de las cargas del Parlament, que se produjeron una vez las manifestaciones habían sido oficialmente desconvocadas,  y no recordar las palabras de destacados miebros del Govern los últimos días y el mismo 1 de octubre.  El lunes, el presidente de la Generalitat, Quim Torra, sacó a relucir su alma de activista y elogió la labor de los CDR: "Apretáis, y hacéis bien en apretar". El 'conseller' de Interior, Miquel Buchafirmó que el sábado no hubo cargas policialesno hubo cargas policiales. Por supuesto que las hubo, pero de la misma forma que Interior no quería llamar "desalojo" a la retirada de la acampada independentista de la plaza de Sant Jaume, Buch se ha esforzado en negar la evidencia de un dispositivo policial que tuvo muchos problemas para evitar un enfrentamiento entre las dos manifestaciones. Con el Govern tan interesado en congraciarse con los CDR y la CUP,  la policía autonómica se ve obligada a trabajar en un contexto muy complicado. En la manifestación del lunes por la tarde, agentes de los Mossos fueron rociados con huevos con pintura y polvos de colores. Mucho han cambiado las cosas, al parecer, en tan solo un año.

Sin pisar líneas rojas

La cúpula independentista ha caído de lleno en la esquizofrenia: desde un punto de vista retórico, se mantiene fiel "al espíritu del 1-O" y anima a actuar a los CDR que vejan con pintura a los Mossos y que piden la dimisión del 'conseller' de Interior. Porque, más allá de la retórica, el Govern sigue sin pisar ninguna línea roja que pueda poner en marcha la maquinaria legal del Estado.

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Desde el lado estatal, la portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, admitió que hubo errores en el dispositivo del 1-OIsabel Celaáerrores en el dispositivo del 1-O por parte del anterior Gobierno, en la línea de la autocrítica que reconoció haber hecho el director del CNI. Pero Celaá afirmó que muchas de las imágenes que dieron la vuelta al mundo fueron falsas, una forma de seguir negando la evidencia de lo que fue el 1-O: no un referéndum del que pueda extraerse mandato democrático alguno, pero sí un enorme ejercicio de autoorganización ciudadana que, a causa de la injustificable represión, otorga a más de dos millones de personas y a la causa independentista un relato cohesionador a nivel interno y una herramienta comunicativa muy potente en el ámbito internacional.

Pese a ello, este 1-O ha puesto de manifiesto las diferencias estratégicas entre las distintas familias del independentismo. Por mucho que se esfuerce Torra, los CDR exigen su dimisión. La cúpula independentista practica un doble juego insostenible, y más teniendo en cuenta que una de las consecuencias del 1-O es dejar en manos del sentir popular (en la calle, en las redes) el sello de pureza del independentismo. "El pueblo manda, el Govern obedece" fue uno de los cánticos que se entonaron durante la conmemoración. TorraCarles PuigdemontJunts per Catalunya intentan canalizar esta oleada apelando a la emotividad y la retórica, pero la distancia entre la calle y el Govern es uno de los mensajes del 1-O. El otro, ya conocido, del abismo entre ERC y JxC, se ha visto reforzado con la decisión de Oriol Junqueras de presentarse a las elecciones europeasOriol Junqueraseuropeas. ERC también quiere disputar a Puigdemont la vertiente internacional del conflicto. La división es otra de las características de Catalunya un año después del 1-O.