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IDEAS

Feria del Libro de Ocasión Antiguo y Moderno, en el paseo de Gràcia.

DANNY CAMINAL

Sabios, raros, imposibles

Jordi Puntí

Hay que hurgar. No siempre debemos conformarnos con los libros que nos dicen que son los que cuentan, desde hace décadas o incluso siglos. Hasta el 7 de octubre hay tiempo para hacer el experimento en la Feria del Libro de Ocasión Antiguo y Moderno, en el paseo de Gràcia. Ir a los puestos y hurgar: probar suerte. Encontrar títulos que no se han reeditado nunca, autores que se han escapado del radar de las modas: lecturas que quizás entrarán en nuestro canon personal por la puerta trasera. Lo cuenta muy bien Ramon Mas en el prólogo de Savis, bojos i difunts (Males Herbes), su antología del cuento decadentista en catalán. "Habrá que empezar a desenterrar los libros no hegemónicos del siglo XX", dice Mas, "dejar de considerar los escritores como creadores estáticos, como si a lo largo de su vida siempre hubieran escrito dentro de los parámetros de una corriente literaria concreta". Su elección hace exactamente eso: incluye piezas de 16 autores, entre los que están Jeroni ZannéDiego Ruiz o Ernest Martínez Ferrando. Nombres casi olvidados que conviven con versiones poco previsibles de autores más reconocidos, como Víctor CatalàRaimon Casellas o un joven Eugeni d'Ors.

Hay que ir a los puestos de la Feria del Libro de Ocasión Antiguo y Moderno y hurgar, encontrar títulos que no se han reeditado nunca, autores que se han escapado del radar de las modas

Es el mismo impulso, imagino, que mueve a Edicions de 1984 cuando recuperan la obra de Juli Vallmitjana -como la reciente De la ciutat vella-, o de L’Avenç cuando rescata las novelas de Santiago Rusiñol -y pronto saldrá el volumen Teatre polèmic-, o de L’Altra cuando revive la obra de Gaziel, como Meditacions en el desert. Junto a ellos también hay lectores ávidos que nos quieren allanar el camino después de mucho hurgar. Pienso en Los raros, de Pere Gimferrer, o en Els convidats de pedra, de Ponç Puigdevall: ejercicios de espeleología literaria que retornan a la superficie autores oscuros, malditos, desterrados, únicos. Nombres tan lejanos e inverosímiles que a veces -como también ocurre con la antología del cuento decadentista- el lector se detiene y piensa por un momento que aquello puede ser falso, un divertimento, la broma de un autor contemporáneo que le ha querido levantar la camisa. Incluso esta sensación, cuando se da, vale la lectura.