23 sep 2020

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Dos miradas

Dos miembros del equipo artístico salieron a saludar con símbolos independentistas y provocaron el abucheo de algunos espectadores.

ATLAS VÍDEO

Prisión y teatro

Josep Maria Fonalleras

El teatro ha sido y es política, es su esencia, siempre que no pensemos en las comedias de tresillo (y aún sería discutible)

No sé si recuerdan el artículo que publicaron en 'Le Monde', hace unos meses, escritores tan reconocidos como Saviano, Pennac o de Luca. Denunciaban el encarcelamiento de los líderes catalanes y decían que les tocaba "defender a los ciudadanos europeos encarcelados por fidelidad a sus palabras ". Y acababan así: "Las opiniones y las convicciones se discuten, pero no se encarcelan".

Un escenógrafo y un figurinista dijeron lo mismo, hace unos días, mientras saludaban después de la función de La Fura dels Baus en el Teatro Real de Madrid. Ni iban "ataviados de amarillo", como he leído en algún lugar, ni tampoco desafiaban la idea (un tópico) que en un escenario no puede haber amarillo. Había, eso sí, el amarillo discreto de un lazo en el pecho. Nada más. En defensa de la dignidad democrática y en ejercicio de su libertad de expresión.

La disculpa del director de La Fura no es humillante porque se disculpe de un acto que debería defender sino porque alega que no se puede mezclar política y teatro. ¿Cómo que no? El teatro ha sido y es política, es su esencia, siempre que no pensemos en las comedias de tresillo (y aún sería discutible). Como ha dicho Alfons Flores, el escenógrafo, "no somos extraterrestres". Sí lo es Àlex Ollé, el director, para quien "la cultura es un patrimonio de todos" y, en consecuencia, debe ser neutra, blanda y apolítica. Justamente lo contrario de lo que La Fura dels Baus fue durante tanto tiempo.