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PP e ideología

José María Aznar saluda a Pablo Casado minutos antes de comparecer ante la comisión de investigación del Congreso.

JOSE LUIS ROCA

¿Puede volver el aznarismo?

Joan Tapia

La aparición en el Congreso el martes de José María Aznar, junto a un satisfecho Pablo Casado, ha sido otro signo de que el nuevo PP tiene nostalgia del aznarismo. Se le reconocen a Mariano Rajoy los servicios y se le regala un reloj de oro (se hace con los directivos jubilados), pero se proclama alto y fuerte que Aznar es el referente.

Y la abstención en el parlamento europeo en la votación contra Viktor Orban – una posición mas ultra que la de Angela Merkel e incluso la del austríaco Sebastian Kurz que gobierna con la extrema derecha- indica un tic inquietante. Justificarlo por la actitud de Orban ante el independentismo es estúpido porque no hubo ningún jefe de gobierno europeo que apoyara el 'procés'. ¿Quiénes son entonces los referentes europeos de Casado?

Pero la tentación aznarista ha llegado también a Cs. El propio Aznar señaló hace unos meses a Albert Rivera como un líder imprescindible para relanzar el centro-derecha. Era una platónica moción de censura contra Rajoy. Y Rivera se ha situado en una posición más intransigente que Rajoy contra el independentismo. ¿Quiere robar votos al PP por la derecha? Lo cierto es que recientemente retiró de su programa una tímida mención al socialismo democrático y ahora habla cada vez menos del centro. Rivera está impaciente porque la moción de censura alteró sus expectativas. Y ha optado por el acoso y derribo a Pedro Sánchez, al que hace dos años votó para que gobernara España. La impaciencia no es la madre de la ciencia, el contorsionismo tampoco.

Pero resucitar el aznarismo no es fácil. Primero porque Aznar era uno y mandaba sobre un partido único y disciplinado. Ahora son dos y muchas ambiciones detrás de cada uno. Además tenía la experiencia de haber ganado -y gobernado- en Castilla y León, cosa que no pasa ni con Casado ni con Rivera. Solo Inés Arrimadas ganó en Catalunya, pero quedándose a años luz de poder formar Govern.

En segundo lugar, porque Aznar fue -hasta que la mayoría absoluta le volvió tarumba- un pragmático y un profesional que anteponía el ansía de poder a todo lo demás. Cierto que para ganar recurrió al acoso y derribo, pero Felipe González llevaba muchos años en la Moncloa. También recurrió al nacionalismo español contra Felipe y contra Jordi Pujol, pero al día siguiente de aquella noche de la amarga victoria del 96, en la que apareció zombi en el balcón de Génova, recurrió a todo para atraerse a Pujol… y al PNV de Xabier Arzalluz. Para llegar al poder tenía cintura y se inventó aquello del nuevo centro, del que ahora Casado y Rivera -preocupados porque una encuesta dice que Vox entraría en el parlamento- prefieren huir.

Ahora se alaba al Aznar bronco, pero no se aprende de aquel otro que sonó falso pero que sabía lo que hacía cuando en una entrevista amable a TV3 -sí, a TV3- aseguró que hablaba catalán en la intimidad. La oposición también debe generar confianza. Y alrededor de Casado no hay las figuras de peso (de entonces) que tenía Aznar en el 96 sino mucho peso pluma. Tampoco se sabe dónde está Luis Garicano.