Iniciativa catalana antimachista

#SerActriuÉs

Los testimonios recogidos por esta campaña ayudan a entender cómo el sexismo toma forma en el día a día

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Los miembros del Patronato del Lliure en la reunión de celebrada en la biblioteca del teatro.

Los miembros del Patronato del Lliure en la reunión de celebrada en la biblioteca del teatro. / Pau Cortina

Escribía Nerea Barjola en 'Microfísica sexista del poder' que el silencio alrededor de las agresiones sexuales mantiene la amenaza sexual dentro del terreno de los miedos individuales. Precisamente, la importancia de los testimonios recogidos bajo etiquetas como #MeToo o #Cuéntalo ha sido la creación de una memoria colectiva sobre las agresiones sexuales que permite abordarlas como lo que son, un instrumento para la consolidación y pervivencia de un proyecto político sexista, y no como una sucesión de casos aislados.

Una vez abierto el melón, la pregunta que muchas feministas se hicieron fue: ¿y ahora qué? Una cuestión urgente, si pensamos en el caso del comediante Louis C. K., acusado de acoso sexual. Ya ha reaparecido en un escenario, sin que se hayan afianzado las medidas para evitar que casos como el suyo sucedan en el futuro, ni que haya concluido el proceso de reparación de todas las supervivientes.

Apropiación catalana del #MeToo

Es por todo ello que la campaña #SerActriuÉs resulta tan interesante. Impulsada por la actriz Júlia Barceló, recoge en redes sociales casos de sexismo, discriminación por edad, dificultades de conciliación, acoso sexual y objetivación vividos por actrices catalanas. Significa una apropiación catalana del #MeToo y eso es relevante. Una de las grandes dudas entorno al movimiento era cómo tomaría forma lejos de Hollywood.

En una época en que se desprestigia el feminismo despachándolo como un capricho identitario que dificulta dar respuesta a las necesidades de una clase obrera cada vez más precarizada, #SerActriuÉs desmiente la premisa, explicándonos los efectos del sexismo en las carreras profesionales de las actrices. Así, sitúa el género como un elemento fundamental para entender los efectos de las desigualdades laborales sobre los individuos.

La iniciativa nació después de que se conociera la dimisión de Lluís Pasqual como director del Teatre Lliure. La dimisión fue propiciada por la denuncia de la actriz Andrea Ros, respaldada por el Colectivo Dones y Cultura, que lo acusó de trato vejatorio hacia sus empleados y reclamó una dirección para la institución que fuera joven y feminista. Poco después, trabajadores del Lliure solicitaron un estudio de riesgos psicosociales.

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El 'caso Pasqual' ha servido para debatir sobre procesos de selección en los equipamientos culturales, pero también sobre la necesidad de abandonar métodos de dirección basados en maltratar a los artistas, o sobre el monopolio de las instituciones y de la creación artística por parte de hombres blancos de edad avanzada. Todo ello, en un sector, el de la actuación, que es altamente competitivo y que se mueve entre la precariedad y el estrellato. Los testimonios recogidos por #SerActriuÉs nos ayudan a entender cómo estas cuestiones toman forma en el día a día.

Este viernes, el pleno del Patronat del Teatre Lliure decidió convocar un concurso público para escoger el relevo de Pasqual. Sin duda, es una victoria de profesionales como Ros. Pero, tal y cómo nos muestran sus mismos testimonios, queda mucho camino por recorrer.