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Feminismo

Culos, tetas y lazos violetas

Lucía Etxebarria

La polémica de los símbolos amarillos prueba lo importante que es conquistar el espacio público; por eso os digo, mujeres, ocupémoslo

A  Serena Williams la abronca el  presidente de la Federación Francesa de Tenis por llevar un 'catsuit' en el Roland Garros. Curiosamente un 'catsuit' idéntico pero en color blanco lo había llevado sin más problemas Anne White en Wimbledon… ¡en 1985! ¿La diferencia? Anne es blanca y Serena negra. Pero, sobre todo, Anne es plana y andrógina y Serena tiene tetas y culo. El 'catsuit' los marca, los hace evidentes. El cuerpo de Serena es el de una mujer.

Dos días después, en el Abierto de EEUU, Alizé Cornet recibe una advertencia por quitarse la camiseta y quedarse en sujetador. Mientras que Federer o Djokovik se quitaban la camiseta en la cancha sin recibir sanción alguna. De hecho, el serbio pasó varios descansos con el torso desnudo

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El mensaje, desde el ambiente más elitista y pijo del mundo, es claro: el cuerpo del hombre puede mostrarse, pero el cuerpo de la mujer no está bien visto en un espacio público. El sexismo sigue vivo y en excelente salud.

Hablando de espacios públicos, me paso la semana escuchando cómo la gente se pelea porque unos ponen unos lazos amarillos y otros los quitan. Y para defender su derecho a ponerlos o quitarlos acaban dándose de hostias y rompiéndose narices y cruzándose denuncias.

Y esto me prueba lo importante que es conquistar el espacio público y ser visible en él, oponerse a la estrategia de ocupación simbólica del espacio público que nos quieren imponer.

Reforzar identidades

Lo que nos ha demostrado la polémica de los lazos es que la calle no es simplemente aceras: la calle es un espacio socialmente valorizado y por lo tanto culturalmente construido. La calle es objeto de apropiación subjetiva por parte de los actores sociales. Por lo tanto, es el espacio donde se refuerzan las identidades.

Por eso os digo: mujeres, compañeras, hermanas, amigas, aliados, ocupemos el espacio público. Llenémoslo de lazos violetas.

Demostremos que la marea violeta no está de resaca, que sigue  avanzando. Porque para poder cambiar el mundo hace falta un movimiento. Y un movimiento lo es en tanto se haga visible.

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