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Salud y bienestar

¿Funciona el lenguaje positivo?

Estrella Montolío

La neurociencia ha demostrado que, si nos exponemos a palabras negativas, aumenta la producción de cortisol, la hormona del estrés

El lenguaje positivo es la expresión por excelencia de la inteligencia emocional consistente en usar ciertas palabras que transforman situaciones y resuelven problemas. Un ejemplo básico son las expresiones motivadoras "Tú puedes, confía en ti, todo saldrá bien", en oposición al lenguaje negativo de "No puedo, todo está mal, desconfía de todo el mundo". ¿Funciona el lenguaje positivo? No hay estudios científicos que permitan afirmar de manera concluyente nada al respecto. Lo que sí ha demostrado la investigación en neurociencia es que, si nos exponemos a la presión del lenguaje negativo (el jefe que nos grita porque ha llegado de mal humor y algo ha salido mal), aumenta la producción de cortisol, la hormona del estrés, perjudicial para la salud; mientras que el lenguaje positivo estimula la liberación de endorfinas en el organismo, las hormonas del placer, beneficiosas para la salud y el bienestar.

Frente a las personas curativas que usan un lenguaje positivo para mejorar la situación, las personas tóxicas emplean un lenguaje negativo que contamina su entorno comunicativo sin ofrecer soluciones. Ejemplo de ello es lo que el ensayista Jordi Gracia denomina el intelectual melancólico (tan semejante al intelectual desfachatado de Sánchez-Cuenca),  ese profesional de la cultura que publica en los medios y que, contra la evidencia avalada por las investigaciones sobre los avances en todos los terrenos de las sociedades actuales, opina que cada vez se lee menos, que los jóvenes son cada vez más tontos, que los políticos actuales no tienen la talla de los del pasado, que cada vez se habla peor y que nada ni nadie está a la altura. Según Gracia, son intelectuales que, al acercarse a la edad de jubilación sin haber logrado la obra inmortal a la que aspiraban, su frustración los ha convertido, en vez de en viejos sabios, simplemente en viejos gruñones, usuarios mediáticos de lenguaje tóxico.

Final olímpica

Analicemos un caso en el que veremos funcionando en todo su esplendor el lenguaje positivo. Carolina Marín iba perdiendo en su final olímpica de bádminton en el 2016, cuando su entrenador, Fernando Rivas, le dijo en un descanso palabras que cambiaron el signo del partido, insuflándole la energía y la motivación que la llevarían en volandas al oro. "Recuerda a esa niña de 14 años que llegó a la Residencia Blume y quería cumplir su sueño. Esa niña de 14 años me dijo lo que quería. Esa niña de 14 años confía en ti".

El entrenador usó la palabra "recuerda" para trasladar mentalmente a la jugadora, de la actual situación de estrés, frustración y desánimo, hacia un estado anímico evocador de la infancia (por eso usa la palabra "niña"), cuando empezaba a jugar a bádminton por diversión. Esa niña de 14 años "quería cumplir su sueño" (otra expresión positiva), ser campeona olímpica. En esos momentos, Carolina estaba en una finala punto de cumplir su sueño infantil, por eso el entrenador incidió con otra frase positiva altamente motivante: "Esa niña de 14 años confía en ti".

¿Fue clave el lenguaje positivo del entrenador para que la jugadora ganara el partido y la medalla de oro? Sin duda, ayudó a aumentar su motivación, pero desde un punto de vista científico esto no es suficiente como para responder afirmativamente a esa pregunta. También el entrenador de su rival habló con su jugadora, que además iba ganando con claridad, y sin embargo acabó perdiendo el partido. ¿El lenguaje positivo funcionó en el caso de la vencedora y fracasó en el de la perdedora? Aquí no existe un patrón lógico explicativo, sino un sesgo interpretativo discutible, porque se subraya la incidencia del lenguaje positivo cuando se gana, pero se oculta cuando se pierde.

Resulta más agradable compartir nuestro tiempo con quien no dedica su discurso a crear situaciones hostiles 

Todos hemos visto que cuando Rafa Nadal gana un punto importante siempre grita, exultante "¡vamos!", expresión positiva que incluso lleva impresa en sus zapatillas. Sin embargo, Federer, el jugador con más títulos de la historia del tenis, es silente en la pista. McEnroe y Djokovic, dos chicos malos del tenis, han discutido con muy malos modos con el árbitro, han roto raquetas, han insultado al contrario, han creado una tensión insoportable en la pista y, aun siendo abucheados por el público, han ganado sus partidos y nadie duda de que sean unos grandes campeones.

No existe ninguna evidencia concluyente de que el lenguaje positivo mejore inexorablemente nuestro rendimiento deportivo, ni nuestras vidas. Eso sí, sin duda resulta más agradable compartir nuestro tiempo con quien no dedica su discurso a crear situaciones hostiles.

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