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IDEAS

La foto delatora del encuentro entre Asia Argento y Jimmy Bennett.

¿Tú también, Asia?

Ramón de España

Con testigos de cargo como Asia Argento, mucho me temo que el rijoso Harvey Weinstein acabe saliendo del juzgado como los toreros de la plaza, a hombros y por la puerta grande. Por no hablar de otras dos acusadoras que también son de traca, Rose McGowan -¿cómo te vas a fiar de alguien que fue novia de Marilyn Manson?- y Paz de la Huerta, cuyo historial de excentricidades y chaladuras da para un informe bastante grueso. Nadie discute aquí que Weinstein es un salido miserable que abusaba de su poder en la industria, pero la fiscalía va a tener que hacer un esfuerzo notable para conseguir testigos más fiables.

Asia Argento vuelve a salir en los papeles por una supuesta relación sexual con un chaval de 17 años, Jimmy Bennett, al que conoció cuando éste era un niño de siete en el rodaje de una película. La cosa, al parecer, sucedió hace cinco años, pero es ahora cuando el joven Bennett se ha dado cuenta de que la culpa de que su carrera no avance es de la señora Argento, que le causó un trauma tremendo del que aún no se ha recuperado. Como diría mi difunta madre, aquí se han juntado el hambre y las ganas de comer. El comportamiento de la actriz y directora -hija del célebre autor de películas de terror Dario Argento- no es precisamente digno de aplauso, pero los motivos de Bennett para soplarle en su momento 350.000 dólares -que tuvo que apoquinar su novio, el recientemente suicidado Anthony Bourdain- no resultan muy creíbles. Llámenme machista, pero yo diría que el hecho de que una mujer madura abuse de ti poco antes de alcanzar la mayoría de edad es el sueño dorado de cualquier adolescente. A no ser que el adolescente esté tieso -de pasta, en esta ocasión- y vea que la ocasión la pintan loca e italiana.

La pobre Asia, además, no da una: al día siguiente de asegurar que nunca mantuvo relaciones con Bennett, se filtra una foto de ambos en la cama que sugiere lo contrario; a ella se la ve contenta y a él, francamente, no se le notan los efectos de tan traumática experiencia. Todo parece indicar que estamos ante las tristes consecuencias de un arrebato pasional entre una mujer adulta con dinero -aunque menos que cuando vivía el pobre Bourdain- y un jovenzuelo famélico que pasa su factura de gigoló con cinco años de retraso.

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