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Paradas de libros en el Mercat de Sant Antoni.

DANNY CAMINAL

Las bibliotecas de verano

Jordi Puntí

Cuando empieza el estío, el impulso del muchos lectores es elegir un libro acorde con todo un periodo de vacaciones

¿Qué ocurre con los libros de verano cuando llega el invierno? ¿A dónde van a parar esas ilusiones abandonadas a medio camino? Me temo que esta es una historia triste. Cuando empieza el verano, el impulso del muchos lectores es elegir un libro acorde con todo un periodo de vacaciones, que responda a las expectativas de libertad continuada. Confiados, se deciden por una novela larga, un 'best-seller', una trilogía egipcia, ese clásico que hace años que les recomiendan... Como los salmones que remontan el río, siempre hay algunos que no llegan al final y quedan varados en el inicio de septiembre, quizá de octubre. La mejor muestra de esta selección natural son las bibliotecas de los hoteles, cementerios de elefantes con varios centenares de 'sombras de Grey', detectives nórdicos y, como cantan Manel, "intrigas vaticanas de final inesperado".

Luego está el purgatorio de las segundas residencias, los apartamentos en la playa, la casa de los abuelos en un pueblo del Ripollès o del Matarraña. Todos con sus estantes con cuatro libros de veranos pasados, convencidos de crear la ilusión de una biblioteca que nos salvaría en caso de tormenta, una noche sin electricidad. Son estas otras lecturas de verano las que piden una nueva oportunidad. Las intrigas crudas de Eric Ambler ('La máscara de Dimitrios') o el erotismo alegre de Joao Ubaldo Ribeiro ('La casa de los budas dichosos'), por ejemplo. Este año he reencontrado en una de estas casas 'El amante sin domicilio fijo', de Carlo Fruttero y Franco Lucentini (Seix Barral, 1988) y lo he vuelto a leer. Fruttero y Lucentini eran dos sabios que escribían a cuatro manos y tuvieron su momento de gloria en los años 80, sobre todo con 'La mujer del domingo'. Su mezcla de periodismo y de historia, y una mirada irónica y a la vez sentimental sobre la sociedad italiana, se concretaba en este caso en una novela que hablaba de la decadencia de Venecia a manos del turismo, a través de los ojos de un guía turístico y una experta en arte antiguo que busca tesoros en antiguos palacios. Después de tres décadas, la mirada crítica sobre Venecia también nos habla del presente turístico en medio mundo.

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