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Contrapunto

Un trabajador con arnés de protección pero sin anclar, en una obra de Barcelona.

ALBERT BERTRAN

Morir en el trabajo

Salvador Sabrià

Desde el 2012 vuelve a subir la incidencia de accidentes laborales en Catalunya

En el accidente del puente Morandi en Génova se han contabilizado ya más de 40 muertes. En los atentados del 17 de agosto del 2017 perdieron la vida 16 personas, sin contar con los terroristas abatidos. Son cifras y situaciones dramáticas que causan un fuerte y lógico impacto en la opinión pública. Por su brutalidad, por la cercanía, por que todos nos sentimos como posibles víctimas. Pero hay otras muertes que tienen poco que ver con las causas naturales que también incluyen los elementos de cercanía y de inesperadas y que sin embargo parece que se han asumido como una fatalidad normal e inevitable. Se trata de los fallecimientos causados por accidentes laborales. 

El año pasado se dejaron la vida trabajando, o acudiendo o volviendo de su puesto de trabajo, un total de 484 personas en España, 54 de ellas en Catalunya. La cifra se mantiene con pocas variaciones al alza o a la baja en los últimos tres años, pero en el conjunto de la crisis, desde el 2008 hasta el año pasado, suma en total la escandalosa cifra de 6.433 muertes en España. Es cierto que la situación ha mejorado desde entonces, pero continúa siendo un problema muy grave y del que en los últimos años se habla poco de ello.

En cifras absolutas, el número de muertes se ha más que reducido a la mitad desde el 2008. En Catalunya se pasó de los 137 fallecimientos del 2008 a 54 el año pasado, o 51 si se cuentan las últimas cifras que abarcan de junio del 2017 a junio del 2018. Es lógico que haya menos accidentes laborales si se reduce la población activa. Por ello vale la pena observar los índices de incidencia, que miden en número de accidentes por cada 100.000 trabajadores. Y aquí es donde emerge un dato muy preocupante: desde el 2012 la tendencia vuelve a ser al alza.

Tras las dramáticas cifras del 2008, con más de 1.000 muertos por trabajar, se empezaron a tomar medidas, se endurecieron las leyes y los controles y las medidas de prevención. Hubo campañas de concienciación. Todo ello contribuyó a rebajar prácticamente a la mitad tanto la cifra global de accidentes como de muertes.

Pero no se debería bajar la guardia. Al contrario. En plena canícula, el sindicato CCOO de Catalunya advertía de que se mantiene la tendencia al alza y reclamaba de nuevo a las empresas más respeto a la vida y a la salud de los trabajadores, y a la Administración que obligue a cumplir los mínimos exigibles en materia de prevención de riesgos laborales. 

En su última memoria anual, el Consell Econòmic i Social de Catalunya, añadúa nuevos elementos de reflexión en este tema: las cifras demuestran que la con la temporalidad aumenta la siniestralidad y que un 40% del total de accidentes laborales los sufren personas que llevan menos de un año en la empresa. 

Como en el anuncio de Trànsit, en el caso del trabajo también una sola muerte ya es un exceso.  

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