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Acciones políticas en Catalunya

Ilustración de Leonard Beard.

LEONARD BEARD

Bicicletas y lucha de clases

Pere Vilanova

La CUP se autoconcede el derecho a actuar en nombre del pueblo en su totalidad, niega el pluralismo político

Si hemos de creer a la "prensa burguesa", que es bastante de fiar, una de las grandes noticias de este verano es sin duda el episodio que emparenta turismo, bicicletas y nada menos que… ¡la lucha de clases! Recientemente, un nuevo concejal de la CUP reivindicaba ante el pleno una acción contra centenares de bicicletas de alquiler como heroica acción contra la oligarquía dominante (el o los propietarios de estas pequeñas empresas) y sus aliados de clase, que podemos denominar 'turistas' , que se dedican a explotar al pueblo, en este caso el vocablo 'pueblo' debe ser sustituido por "vecinos que no tienen donde aparcar" según proclamó el sujeto. Observe el lector que estamos usando rigurosamente el lenguaje ortodoxo al uso, pero la culpa es del concejal en cuestión por invocar como paraguas ideológico de sus actos vandálicos a la lucha de clases. Uno tiene la impresión de que no se ha leído 'El Capital' (es verdad, no es lectura veraniega), aunque quizá sí el 'Manifiesto Comunista' del mismo Karl Marx. Pero hace falta un calzador muy ortopédico para meter las bicicletas de alquiler y a sus propietarios en el concepto de 'bloque dominante', no digamos ya integrar en el barullo a "los vecinos que no pueden aparcar"…

Es una manera interesante de recordar que ese mismo grupo político, hace un año, colgaba carteles en la ciudad de Lleida con las fotos de Iceta, Albiol, Arrimadas y Rabell, a los que denunciaba como "enemigos del pueblo" y  que recomendaban “tratarlos como se merecen”, cosa que nos parecía un caso claro de fascismo rampante, una de cuyas componentes más despreciables es la delación anónima. El actual Govern de la Generalitat, o el de hace un año, no parece que tuvieran nada que decir al respecto, al fin y al cabo los escaños de la CUP en el Parlament de Catalunya, fueran 10 o sean 4, y a pesar de su radical verbo, les salvaron los muebles una y otra vez. Y resulta chocante, porque se trata de una cuestión de fondo.

A menos legitimidad de una determinada línea de acción, más verborrea lingüística 

Para volver al concejal antibicicletas de turismo (que uno opina que son sostenibles, ¿no?), el gesto vino acompañado de una teatral ofrenda de llaves de candados en pleno pleno municipal, valga la redundancia. No queda claro en la “prensa burguesa” de qué eran los candados, pero esto parece secundario. Lo más interesante es una vez más el uso del lenguaje. La política es una actividad que necesita de un  lenguaje, es una evidencia. En general, ese lenguaje necesario no lo es solo para explicar los contenidos de la acción política, a fin de hacerla comprensible, lo es igualmente para aportar otra cosa: legitimidad. Es decir, un mensaje que justifique el porqué y el cómo de la acción. Se puede argumentar que esto afecta a toda actividad política, pero unas veces más que otras. Una tesis interesante es la siguiente: a menos legitimidad de una determinada línea de acción, más verborrea lingüística. Si un partido político tiene cinco o diez millones de votos en España (o un porcentaje proporcional a nivel de Catalunya), se puede estar más o menos en desacuerdo, pero en términos de sufragio, de voluntad popular, legitimidad tiene. Si Arrimadas sigue representando el partido más votado, con nueve veces más de diputados que la CUP, la señora Arrimadas ha de poder pasearse por Canet o por donde prefiera sin ser insultada.

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La acción del pedagógico concejal de la CUP es peligrosa y repudiable, no por ser ridícula, que lo es, sino porque vuelve a confirmar que la CUP se autoconcede el derecho a actuar en nombre del pueblo en su totalidad. Esto es inaceptable y nos afecta a todos porque niega la democracia representativa, el pluralismo político, decide desde un unilateralismo minoritario qué es violencia y qué no, qué es coacción y qué no, y así sucesivamente. Por ejemplo, algún CDR en su día cortó carreteras con conexión internacional a países vecinos, y el anonimato que dan tan misteriosas siglas cuestiona la legitimidad de su acción. Esta gamberrada municipal del otro día, o los asaltos a buses turísticos, son totalmente inaceptables. Si no tienen otra cosa que hacer este verano, pueden leer (en Amazon están tirados de precio) los manuales de lucha de clases de Marta Harnecker, Nicos Poulantzas, y ya, para los avanzados, 'Materialismo y empiriocriticismo' (V. I. Lenin) o 'Las relaciones sexuales y la lucha de clases' de Alexandra Kollontai, libro audaz de 1911, que se atrevió a tocar una cosa que en la tradición marxista de la época era tabú: las clases sociales tienen sexo.