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Editorial

Unas fiestas para la convivencia

Tenemos la oportunidad de que en Gràcia la celebración de estos días se imponga al machismo y al incivismo

El imponente Shere Khan que da la bienvenida a los visitantes de la calle Progrés.

El imponente Shere Khan que da la bienvenida a los visitantes de la calle Progrés. / FERRAN NADEU

El año pasado, las fiestas de Gràcia celebraban dos orgullosos siglos. Pero la tragedia se cruzó en el aniversario. Un cruel atentado impuso el horror. La música calló y los decorados se poblaron de mensajes de duelo y crespones negros. Pero la vida es tozuda, también el espíritu de superación y la alegría. De nuevo las calles vuelven a estar engalanadas con la ilusión de un barrio. De nuevo, vuelven las fiestas.

Miles de personas ocuparán las plazas y recorrerán el mismo asfalto que estos días han levantado quejas por el incivismo de algunos que se creen dueños de la ciudad y del sueño de sus vecinos. Las numerosas asociaciones comprometidas en la efervescente vitalidad de la fiesta y tantos que esperan estos días para disfrutar de las calles se merecen una celebración a la altura de su ilusión y su esfuerzo.

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Unas fiestas modélicas en civismo y donde todos y todas puedan disfrutar por igual de la diversión, sin que la sombra del acoso y los abusos tiña de miedo la noche. Barcelona es una ciudad comprometida en el combate contra el machismo, desde las instituciones hasta el activo tejido asociativo. Una lucha que solo puede llevarse a cabo con el empeño de toda la ciudadanía. Es imprescindible que nadie baje la guardia, que el respeto sea una responsabilidad compartida. Estos días tenemos la oportunidad de que la música, el baile, las cenas comunitarias, las risas y también la paz se impongan al temor. Unas fiestas en las que reine la convivencia.