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Análisis

La FP que necesitamos

Sara Berbel

En épocas de crisis, una preocupación fundamental de las administraciones públicas es facilitar la inserción laboral, especialmente la de aquellas personas con más dificultades de acceso al mundo del trabajo. Pero en cuanto empiezan a superarse los indicadores críticos, numerosas empresas se dirigen a nosotros para indicarnos que no encuentran los perfiles profesionales que necesitan.

Alguna cosa no funciona bien en el vínculo entre empresa y formación si no somos capaces de aprovechar las épocas de crisis para formar a las personas en paro en las competencias que el mundo empresarial necesita. No es menos cierto que, en el mercado de trabajo, funcionan todavía muchos estereotipos que conducen a que, determinados colectivos, como las personas mayores de 45 años, sean considerados menos aptos que otros para determinados puestos profesionales. O que se considere que los jóvenes solo pueden acceder al mercado laboral vía contratos temporales o precarios.

En el núcleo del vínculo entre formación y empresa está la Formación Profesional. La olvidada FP, la imprescindible FP. Esa FP que debería tener un papel estelar en la configuración del futuro del trabajo del que tanto se habla, vinculada al mundo productivo en relación con la revolución tecnológica y digital, con la industria 4.0, pero que todavía no lo tiene.

Sabemos que la contratación en grados medios ascendió el 17,7% en España en el 2015 y el 19,7% entre los grados superiores, según los últimos análisis disponibles. Estoy segura de que, en el 2018, aún dispondremos de datos más positivos. Es una buena noticia, pero todavía nos hallamos muy lejos de las medias europeas en donde las cualificaciones intermedias suponen el 48,9% frente al escaso 23,1% español.

Sin duda, este es un gran reto para la FP y también debemos afrontarlo desde Barcelona y área metropolitana. Urge modernizar la FP mostrando su enorme capacidad de innovación. Hay algunas asignaturas pendientes que no podemos dilatar más, tales como el fortalecimiento del ecosistema profesional de la FP -sería necesario compartir metodologías y establecer mecanismos de coordinación-, la capacitación empresarial del profesorado, los sistemas de acreditación de competencias, apostar por la FP dual y la formación alterna. Pero también potenciar la FP con competencias transversales como pueden ser los idiomas (especialmente el inglés), digitalización, comunicación, toma de decisiones, etc. ya que las empresas buscan perfiles capaces de enfrentarse a los problemas de forma integral. En la FP las competencias profesionales deben ir estrechamente ligadas a las transversales.

Sin embargo, el gran objetivo sigue siendo prestigiar los estudios de FP, conseguir que las familias entiendan la valía profesional que tiene educar a sus hijos e hijas en las formaciones de FP de grado medio y superior (las cuales ya no se ciñen exclusivamente al sector industrial sino que están avanzando en el sector servicios y el sector primario) y mostrar a los jóvenes que pueden tener un futuro laboral digno y satisfactorio accediendo a estos estudios. En definitiva, disponiendo de la FP que necesitamos.

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