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Al contrataque

Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal, en una imagen de archivo correspondiente a la toma de posesión del presidente de la Comunidad de Madrid.

DAVID CASTRO

El PP enseña sus vergüenzas

Antonio Franco

¿Hay algo normal en el Partido Popular? En cuanto trascienden sus interioridades casi todo lo que aparece es basura. Debe tener, claro, militantes honrados y de buena fe

¿Hay algo normal en el Partido Popular? En cuanto trascienden sus interioridades casi todo lo que aparece es basura. Debe tener, claro, militantes honrados y de buena fe. Pero no muchos, según los datos que ahora conocemos. Alardeaba de ser el partido con más afiliados de Europa (presumía de más de 800.000) pero no pueden considerarse reales: estaban al corriente de pago y tienen derecho a actuar como tales el 7,6%. En sus listas había además fallecidos, gente dada de baja y personas ilocalizables (muchas más que los localizables porque están en la cárcel). Se han apuntado para las elecciones internas solo 66.384, una cifra sensiblemente inferior incluso a la de los miembros del partido que viven de él (por los cargos que reparte y los sueldos y demás que proporciona).

Todo eso ha salido a la luz porque para sustituir a Mariano 'Punto' Rajoy el PP convocó unas primarias democráticas por primera vez en la historia del partido. Debían saber poco lo que eran y tal vez ignoraban que eso les obligaría a cierta transparencia. Y son primarias, aunque tan poco democráticas que hasta ahora en ellas no ha habido ni debates públicos ni confrontación de programas; todo se limita a un quién te gusta más. Como democracia recuerda a aquel invento franquista que la apellidaba orgánica.

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Cuando escribo estas líneas ignoro el desenlace que ustedes ya conocerán si me leen en el diario de mañana. Sabrán si se han impuesto las favoritas --fea palabra-- que controlan el partido, sus barones y el reducido número de electores apuntados para votar, que son los cuadros disciplinados. O tal vez haya ganado plaza como finalista el llamativo Pablo Casado, que se presenta como gran renovador pero tiene su principal respaldo en el cavernícola Aznar. Casado entronca con rasgos muy propios del partido: tiene un pasado académico similar al de Cristina Cifuentes. Los que hubiesen sido sus excompañeros dicen que él nunca fue a clase pese a que la asistencia era obligatoria, atestiguan que a ellos no les convalidaron nada de la carrera por haber cursado antes Derecho (a Casado sí, prácticamente todo) y que tuvieron que presentar un trabajo obligatorio final que el flamante candidato asegura que a él nadie le pidió antes de recibir unas formidables notas.

Repito: ¿hay algo normal en el PP?. Esta misma semana de sus elecciones los españoles hemos sabido que Rafael Catalá se despidió como ministro de Justicia salvaguardando el último día la continuidad del ducado de Franco, mientras José María Aznar criticaba al PSOE por intentar nombrar a un independiente como presidente de RTVE (y diciendo haber olvidado que él nombró para ese cargo a un subordinado suyo militante en el PP). No sé si el poeta Gabriel Celaya diría que el PP es un arma cargada de futuro, pero es un arma y apunta contra el sentido común.

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