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EN CLAVE EUROPEA

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker (derecha), y el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, en Bruselas.

Nueva era conflictiva trasatlántica

Eliseo Oliveras

Washington penaliza a sus aliados de la UE por el acero mientras exime a China, responsable de la sobreproducción

Trump confía en dividir a los europeos apoyándose en Polonia y con negociaciones bilaterales

La cumbre del Grupo de los Siete países más desarrollados, que ha comenzado este viernes en Canadá, parece destinada a marcar el inicio de una nueva era conflictiva en las relaciones trasatlánticas. El propio G-7 puede perder relevancia y quedar reducido a un G-6 contra Estados Unidos.

Durante el año y medio lleva presidiendo EEUU, Donald Trump ha hundido las relaciones con sus aliados europeos a un mínimo histórico, multiplicando las provocaciones y las ofensas: ha condicionado su compromiso con la defensa de Europa, ha abandonado los Acuerdos de París para frenar el cambio climático, se ha retirado del acuerdo internacional sobre el programa nuclear de Irán, ha impuesto tarifas comerciales al acero y el aluminio europeo y ha amenazado con penalizar las exportaciones de automóviles europeas, a las empresas y bancos que sigan manteniendo negocios con Irán y a las compañías que inviertan con firmas rusas de hidrocarburos. "Con amigos así, quién necesita enemigos", ironizó en mayo el presidente de la Unión Europea (UE), Donald Tusk.

La imposición de penalizaciones arancelarias al acero y aluminio europeos mientras se exime a China, responsable de la sobreproducción mundial, resulta especialmente ofensivo para la UE, porque se ha justificado con el argumente de que constituye una "amenaza para la seguridad nacional norteamericana", lo que equivale a decir que sus aliados europeos plantean una amenaza para la seguridad de EEUU. En medios diplomáticos existe la convicción de que Trump ha eliminado la exención temporal a esa penalización al acero porque la UE rechazó secundar a Washington en su retirada del acuerdo nuclear iraní.

La guerra comercial que Trump parece dispuesto a emprender contra la UE y Canadá choca además contra el artículo 2 del Tratado del Atlántico Norte, fundador de la OTAN. ¿Será capaz la OTAN de aislarse de los crecientes conflictos trasatlánticos o las tensiones políticas y comerciales acabarán comprometiendo la cooperación dentro de la Alianza? 

Estados Unidos usa las sanciones comerciales "como método de presión para obtener concesiones de la UE", ha denunciado la comisaria de Comercio, Cecilia Malmström. Los países que se han sometido y ha cedido a las exigencias de Washington se han visto exonerados de la penalización (Australia, Corea del Sur, Argentina, Brasil).

La UE ha interpuesto una demanda ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) e impondrá a partir del 1 de julio penalizaciones a una serie de productos norteamericanos. El riesgo de que Washington responda con una escalada es elevado. Trump ya ha encargado al Secretario de Comercio, Wilbur Ross, que investigue las importaciones de automóviles para determinar "si planean un riesgo de seguridad nacional".

Irlanda es el país europeo más expuesto a una guerra comercial con EEUU, seguido de Alemania, Holanda y Bélgica, según un estudio de Bruegel. Los sectores para lo que tienen más importancia el mercado norteamericano son el farmacéutico, el químico y los automóviles.

La cuestión clave es si la actual conflictividad es temporal, vinculada a las particularidades de Trump, o si es el inicio de una nueva tendencia estratégica norteamericana y los primeros síntomas de ruptura de la comunidad política occidental, planteaba Tusk antes de la cumbre del G-7.

Existe el riesgo de que los conflictos comerciales y políticos infrinjan un profundo daño permanente a las relaciones trasatlánticas, en el que Europa mantenga sus vínculos por la dependencia de la garantía de seguridad norteamericana pero donde la cooperación sea sólo ocasional debido al resentimiento y los intereses divergentes, apunta la exembajadora norteamericana Azita Raji. Otra posibilidad es que el unilateralismo y los agravios de Washington lleven a la UE a desarrollar su propia capacidad militar y alianzas económicas alternativas para reducir su dependencia de EEUU, lo que conduciría a un divorcio conflictivo de la comunidad occidental, añade Raji.

La actual crisis debería servir para que la UE adquiera la voluntad de ejercer de potencia mundial, no sólo para protegerse de las iniciativas de su poco fiable socio norteamericano, sino también para afrontar los riesgos y desafíos que plantean Rusia y China, como señala el politólogo Zaki Laïdi.

Frente al ataque comercial norteamericano, la UE ha logrado mantener hasta ahora su unidad. Pero ya comienzan a aparecer fisuras: Gran Bretaña aspira a obtener un trato preferente de Washington, la industria alemana presiona para buscar un acomodo antes de que el conflicto se extienda y Trump confía en asegurarse el apoyo de Polonia y los bálticos a cambio de su presencia militar y en dividir a la UE con negociaciones nacionales bilaterales. 

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