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MOCIÓN CONTRA SABATER

Badalona, una lógica discutible

Jordi Mercader

El PSC tiene razones para estar dolido con los Comuns, pero la prudencia les debería llevar a corregir la dinámica municipalista

Las leyes de la dinámica municipal se inventan en cada municipio, así se convino hace tiempo por los partidos y desde entonces nada puede sorprendernos. Aunque algunas cosas ofenden a la lógica más que otras, una de ellas es la perspectiva del PSC accediendo a la alcaldía de Badalona de la mano del PP, capitaneado por Xavier García Albiol, señalado en Europa entera por su xenofobia.

El respeto a la dinámica local permite entender los múltiples pactos de gobierno perpetrados en Catalunya gracias a una geometría obtusa de la complejidad y la contradicción. La política admite la primacía de la gobernación y la estabilidad, relegando la coherencia ideológica a un discreto segundo plano. Los precedentes de esta doctrina, en todos los niveles, aconsejarían a los partidos guardarse las piedras de la indignación en el bolsillo de la vergüenza, o en el de la virtud pragmática, según se mire.

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El caso de Badalona es singular. No tanto porque pueda implicar una injusticia respecto del actual equipo municipal, nacido de una coalición contra el ganador de las elecciones de la que participó también el PSC y muy dado al gusto por la desobediencia. La relevancia de esta moción viene dada por el protagonista por activa y por pasiva, García Albiol, procesado por discriminación racial, aunque absuelto por la Audiencia de Barcelona

Los militantes socialistas quieren castigar a la alcaldesa por su apoyo al independentismo a cuenta de relativizar las acusaciones de xenofobia contra su nuevo socio. Democrático pero políticamente embarazoso para su partido. El PSC tiene razones para estar dolido con los Comuns y Ada Colau por la ruptura de su pacto, a pesar de ello, la prudencia les debería llevar a corregir, por una vez, la dinámica municipalista. Han llegado muy lejos con esta discutible maniobra, ahora confían el fracaso de la moción a la resistencia del propio García Albiol a abandonar el barco. El riesgo asumido es muy alto, si bien es cierto que retirarlo de la política local por esta vía sería un éxito.

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