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ANÁLISIS

En su canto del cisne como presidente, el líder del PP se ha estrenado como jefe de la oposición. Su propósito, fustigar al presidente Sánchez y aniquiliar a Rivera

Reza la biografía oficial de Mariano Rajoy que fue el más brillante opositor al cuerpo de registradores de la propiedad: con solo 23 años se sacó la plaza, convirtiéndose en el registrador más joven de España. De eso hace 40 años. En la sesión de censura del Congreso, con más años y experiencia, Rajoy se presentó de nuevo como correoso opositor, pero esta vez frente a Pedro Sánchez, quien le disputaba la plaza presidencial conquistada en el 2011. 

En su canto del cisne como presidente del Gobierno desplegó su mejor dialéctica parlamentaria, mordaz aunque decimonónica, no para vindicar su mandato, sino para denostar el proyecto de su adversario socialista. De estar convencido de que el líder del PSOE iba a fracasar en su asalto a la Moncloa, habida cuenta de sus antecedentes, Rajoy se habría limitado a menospreciarlo. Pero lo que hizo fue interpelarlo sobre cómo pensaba gobernar, con qué apoyos y programa, mediante qué cesiones inconfesables a sus "socios". Alguna intuición debía tener sobre la posición del pragmático PNV, que al fin daría el último empujón que consumaba su derribo.

Ningún político culmina una carrera tan dilatada y exitosa como la de Rajoy, con 37 años a sus espaldas, sin una resistencia paquidérmica y una agilidad felina. La primera le valió para medrar entre halcones; la segunda, para mantener la primacía entre gaviotas asesinas. Desde las elecciones del 2015 y el 2016, que arrojaron los peores resultados del PP en el último cuarto de siglo, sabía que gobernar sería un infierno y perdurar, un milagro. Cuando la condena del 'caso Gürtel' activó la coalición negativa en su contra, antes frustrada a causa del 'procés' soberanista, Rajoy sabía que sus días en la Moncloa estaban contados. 

Pese a tantos dimes y diretes, la dimisión no entra, en principio, en sus planes. No solo porque ese sería el fin de su carrera, ni porque supondría asumir responsabilidades por la 'trama Gürtel', ni tampoco porque no es seguro que Sánchez no pudiese articular una mayoría en un debate de investidura. Ante todo, porque de hacerlo dejaría al PP descabezado, y a Ciudadanos, con el camino expedito para disputarle la hegemonía del centroderecha.

UN CALVARIO PARA RIVERA

Por eso subió al cadalso parlamentario para ensayar su nueva condición de jefe de la oposición. Salvo que medie una revuelta en sus filas, Rajoy se empleará a fondo en el fustigamiento del presidente Sánchez y en el aniquilamiento de la pujante fuerza naranja. Si lo logra, a Albert Rivera le espera un verdadero calvario... aunque no comparable con el que aguarda a Sánchez.

El inminente presidente ha desafiado dos veces las leyes de la física política: perdió y recobró el liderazgo con el aparato del PSOE en contra, y conquista la Moncloa con la mayoría parlamentaria más precaria de la historia de la democracia. Jugará en su contra la inestabilidad italiana, que puede sacudir el euro, y la prevista alza de los tipos de interés, pero el oscuro legado del PP, sobre todo en Catalunya, le brinda la oportunidad de construirse un relato ganador con vistas a una cita electoral quizá no tan cercana. 

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