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Legislatura incierta

Quim Torra al inicio de la sesión de investidura.

Torra, 'president', todo por resolver

Andreu Pujol Mas

Después de seis meses, no conocemos el desenlace de la legislatura, pero sí sabemos que, en el fondo, no ha cambiado nada

Después de seis meses de usurpación de las instituciones catalanas, el Parlament finalmente ha podido investir un presidente de la Generalitat. Seis meses que han servido para evidenciar la arbitrariedad y la injusticia que sufre este país, pero que también han comportado una parálisis en los asuntos gubernamentales y un ensañamiento gratuito contra el endeble autogobierno catalán.

Posiblemente no hacía falta alargarlo tanto, cierto. No sabemos exactamente cuál va a ser el desenlace de esta legislatura ni en qué se acabará concretando. Lo que sí sabemos es que, en el fondo, no ha cambiado nada. El españolismo, por más que nombre la supuesta defensa de los derechos de los catalanes y la necesidad de concordia, no parece que esté dispuesto a abandonar su intransigencia ni que estos derechos le importen para nada. La principal muestra de ello es que lo primero que hacen en esta investidura es caricaturizar al 'president' como un fanático grotesco y enloquecido, falseando la realidad y prescindiendo del mínimo respeto institucional.

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A su vez, el independentismo está dispuesto a defender su proyecto con persistencia –teniendo como principal duda cuando lo podrá poner en práctica- y opta por la estrategia de la legislatura anterior de confrontar el avance social con el corsé que supone el marco español. Había la duda de si Torra era el candidato más adecuado para eso, por su perfil más centrado en lo nacional que en el campo social. Veremos cómo acaba concretándose, pero su discurso mostró que es consciente de que el principal flanco de crecimiento del independentismo es por la banda izquierda y que la mayoría independentista tiene más votos y diputados de este signo ideológico.

En todo caso, nada ha quedado resuelto, nada ha quedado definido: como única certidumbre tenemos que solo se desembrollará la situación si somos los catalanes los que tomamos las decisiones sobre nuestro destino. 

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